El escenario a lo largo del año dos mil ocho; está transitado por diferentes alternativas: un sector; mi nuevo perfil, para adaptarme a una situación, en un principio; extraña. El otro; la enfermedad de mi madre; acrecentándose con los días, sus cuidados son cada vez, más asiduos. Diferentes personas acuden a su atención; dejándome un tiempo para mis quehaceres comerciales y trámites relacionados con mi etapa civil. -
Sábado, diecinueve de
julio; en la esquina del centro comercial; uno de los principales de la ciudad;
ramo de rosas rojas en mano; veo la imagen de mi ansiado bálsamo. Baja muy elegante
del taxi y al vernos, le entrego en sus manos, el preciado regalo del amor.
Abrazos y besos prolongados por el encuentro. Tomados de la mano, nos
encaminamos al mejor restaurante del complejo.
Siendo las once de la
noche y culminada la sobremesa; abrigos en nuestros hombros; nos destinamos,
mediante coche de alquiler, hacia un hotel en las cercanías. -
En la habitación; nuestras
figuras, van dejando sus vestiduras en diferentes tramos, hasta quedarnos en
ese color piel, con aromas intensos. -
Un relámpago, anuncia
la llegada de las primeras gotas, golpeando los cristales del gran ventanal. Sobresaltada
por el estruendo; me dirijo hacia ella, una nueva exhalación ilumina su figura,
contorneada por las luces y sombras de gotas humedeciendo su cuerpo. Casi sin
pensarlo, comienzo a rodear su silueta con mis brazos y el acercamiento nos
hizo estremecer. Estamos a punto de descubrir, la tormenta perfecta. -
Mientras la inclemencia,
continúa en su afán de estar presente; vamos alineando los cuerpos, hacía un sublime
momento de exaltación. –
Continuará…



























