15 DE DICIEMBRE DE 1956

 



Luego del encuentro con mi padre, nos dirigimos, mediante un auto muy antiguo, en préstamo que un amigo le ofreció, a un lugar muy lejos del centro de la ciudad, en un momento cruzamos por un gran edificio de ladrillo, una especie de catedral con una cúpula central y cuatro grandes torres adornan la nave central, con enormes ventanales de colores.-

Mis ojos, no dan abasto para registrar en imágenes todo aquello tan distinto y tan deslumbrante. Minutos más tarde, arribamos a un lugar de pequeñas casas, algunas de madera y techos de lata y otras elegantes de ladrillo y jardines. Cada una de ellas separadas por terrenos abandonados. El auto, al cual le decían  “cachila “, se detuvo junto a un  largo corredor de tierra, rodeado de grandes arbustos, llamados “transparentes”.-

 Bajamos el equipaje y los tres, mi padre delante, recorremos el sendero de aproximadamente quince metros, hasta llegar a la puerta de una pequeña casa de madera  y techo de lata.  Entramos y a mi derecha, un cuarto grande con una ventana pequeña, seguido, un espacio grande, donde está una mesada y un biombo  que separa, supuestamente un lugar para dormir.-

 Prolongamos y se asoma un estrecho y pequeño terreno a cielo abierto, cercado de un alambrado entrelazado a la altura de una persona; allí mismo un pequeño habitáculo de ladrillo y suelo de cemento; incluía una taza  blanca de forma ovalada empotrada en el suelo, un caño exterior terminado en una roseta y una pileta de cuatro patas con una saliente en ranuras, a la izquierda de la misma una hendidura, tal vez para apoyar una barra de jabón.-

 

Continuará…