El viaje, como todo signo bueno en la vida, llega a su fin. Estamos tocando de nuevo este puerto que vi por primera vez hace años; el faro, allá en lo alto del monte, nos saluda y reiteradamente nos da la bienvenida. –
El amarre, esta vez,
no es tan pomposo, rápidamente bajamos del inmenso buque y nos trasladamos
hacia el hangar donde estaba el equipaje. Mi padre llama a un señor que tiene
una camioneta de alquiler, nos trasladamos a casa con tres baúles y alguna
maleta conteniendo los recuerdos y prendas obtenidas en esos cuatro meses por
nuestra querida tierra. –
Desde casa, llamo a
mi novia, que vive en el otro extremo de la ciudad y quedamos para un encuentro
en su casa. Invitado a almorzar por parte de sus padres; entre besos, anécdotas
y ocurrencias se hizo la tarde. En el portal, me despido con un beso prolongado
y entusiasta. -
En la noche, me junto con mis amigos en barra
de boliche, jugamos unos partidos de billar, casín y carambola, unas ricas
copas de caña y cerveza; se hicieron las doce. Mediante abrazos, volvemos a
vivir nuestro mundo y mañana al mediodía estar prontos para abordar la tarea en
el restaurante familiar. –
Mientras forjaba el
sueño, pienso en este año setenta. Maravilloso año. Han sido muchas las cosas
buenas y ningunas aburridas. Recuerdo la furia de la música disco; el impacto
de figuras celebres por su fallecimiento; escándalos políticos a nivel mundial,
pasando por largas dictaduras y el auge del terrorismo mundial; la revolución
tecnológica que está cambiando al mundo…solo son algunos de los momentos perennes. –
Solo resta, tener un
buen descanso para iniciar un largo camino de trabajo, esperando las fiestas
tradicionales, donde el esfuerzo se hace cada vez más exigente. Pensando en una
etapa futura con respecto a nuestro noviazgo. Planes y anhelos para formar una familia
independiente. -
Continuará…