En la mañana del domingo de Enero; mi padre, me despierta y me dice que vamos a dar un paseo por la ciudad, en el mismo coche que nos había traído desde el puerto.-
Junto a mi madre,
emprendimos el recorrido por las calles del barrio hasta llegar a una principal
que nos lleva al centro. Nos dirigimos hacia la avenida principal y a ambos lados, enormes
edificios de estilos modernos y de diferentes arquitecturas. Sus aceras
repletas de gente, transitan muy
distendidas observando los escaparates y los bares abiertos. En algunos tramos,
la avenida se ensancha, dando travesía a magnas plazas y monumentos.-
Giramos al final de
la senda para dirigirnos a un paseo marítimo (rambla) de gran longitud. A mi
lado la enorme playa con su agua obscura pero serena, cantidad de bañistas
disfrutan de la arena y el sol radiante. Luego de unos minutos circulando,
aparcamos en un lugar muy concurrido, edificios muy modernos, con ventanales hermosísimos,
coches alineados, marcan una fila en medio de la rambla y debajo de una edificación,
un hermoso restaurante, nos da la
bienvenida, un monumental recinto de enorme brasero con gran parrilla abarrota de diferentes carnes, chorizos, morcillas, unos arrollados extraños a los cuales le dicen "chinchulines" ,
espera a nutridas personas en sus mesas para que ensalcen su sabor.-
Mientras
almorzábamos, los comensales reunidos ; hablan de sus cosas,
me causa gracia su acento, es como un salmo intermitente, lleno de realces
muy divertidas; todos gozan de una alegría deleitable.-
Atardeciendo, nos
refrescamos con helados, en un chiringuito sobre la arena de la inmensa playa.
Me encanta el paseo, veo una ciudad muy elegante en contraste al barrio donde estoy viviendo.-
Continuará…
