Lunes de mayo, primeras horas de la mañana. Entramos en la península itálica, tierra de mis ojos azules. La carretera que nos lleva a casa de sus familiares, es de tremenda atención. Largas autopistas de cuatro carriles, atravesando montañas, algunas de tres kilómetros. Puentes sostenidos por grandes armazones de hierro, unen una montaña con la otra. La intensidad del viento cuando brotamos la una de la otra, mece el auto con intenso hamacado, por las ráfagas originadas en la altura de su espesura. -
Llegados al empalme,
para continuar la ruta; se nos presenta una carretera provincial de tremenda
angostura y curvilínea, para ascender al pueblo donde ha nacido mi compañera. Las
primeras luces del anochecer, se encienden en las diferentes casas a un lado y
otro de la inmensa cima recorrida. La casa, es de una gran presencia, en medio
de las montañas, asignada a sus tíos, nos esperan en la puerta. Esta noche, la
cena es a base de una pasta rellena, llamada “lasagna”. Una porción de masa en
cuadrados con relleno de carne, salsa de tomate y queso rallado por encima…una
delicia.
Luego de conocer esta
parte encantadora, rodeada de montañas y ríos surcando en zigzag, formando senderos
realizados por la madre naturaleza. Nos dirigimos hacia la parte este de la
península y encontrarnos con la otra orilla del mar. Al norte del territorio,
adentramos en una ciudad, única. Sus calles son canales de agua, bordeando la
ciudad. -
Tomamos un taxi-bote,
que nos lleva a una isla donde elaboran unos cristales muy conocidos en el arte
manufacturero. Desde lámparas con infinitos colgantes en variadas formas prismáticas,
hasta figuras ornamentales, ángeles e infinidad de muestras, difícil de designar.
Una belleza fabril en cristal… A continuación, el transportador acuático, nos traslada
a la catedral. Aquí nos bajamos en una explanada de dimensiones magnas, abarrotada
de curiosos turistas. Cantidad de
palomas te saludan, cuando dejas el brazo extendido y comen galletitas
tronzadas. Adentro, la catedral una magnifica joya de la arquitectura. Su nave
central, nos deja boquiabiertos. -
A las seis de la
tarde, el taxi-bote, nos traslada al lugar de abandone. Subimos a nuestro coche
y emprendimos la vuelta. - Una deliciosa cena, somos seis personas…un buen vino
mediante, hace de aperitivo. La tía, nos trae una fuente de delicioso conejo
estofado…a continuación y como broche del día, un delicioso postre a base de galletas,
queso cremoso, chocolate, rociado con un licor de suave sabor. -
Viernes, última
recorrida en compañía de los familiares, marchamos por esas carreteras de
montañas serpenteantes. Cursamos pueblos encantadores, hasta llegar a una feria
industrial. Gran recinto, nos muestra las herramientas para las cosechas, que
consisten en varias máquinas, cada una, hecha para una función agrícola.
Recinto para comer y disfrutar de los bailes típicos del pueblo alpino. -
Una despedida más…comenzamos
el regreso por las autopistas asombrosas de este país, para volver a nuestra
tierra, pero sin antes conocer un lugar magnánimo en la frontera. –
Continuará…
