Mi llegada a la península ibérica, luego de estos años, quedó marcada por una autorización especial. En el transcurso de ese tiempo, tuve que estar a la orden de sus transacciones, por lo tanto, en el país que vivo actualmente, asumí registrarme en la embajada de la misma, para estar atento a cualquier convocatoria. Antes de emprender el viaje, hice el trámite, gestionando un permiso de cinco meses y concederme la entrada al territorio de origen, sin tener que prestar servicios en diferentes puntos, destinados por el alto mando. –
Dicho esta salvedad;
mis padres, se dirigieron a una casa de venta de automóviles para obtener uno y
poder manejarnos en una larga gira por la península, recorrer diferentes
ciudades a lo largo y ancho del territorio. -
Mientras tanto, con
mi padrino y mi tío, caminamos por lugares de mi niñez. En la parte del eirá,
el lugar donde el patrón guarda sus herramientas, los carros. El hórreo de
piedra y madera en el mismo lugar como testigo del tiempo, siempre firme en sus
cuatro pilares de canto gris. Unos pasos más adelante, grandes tierras
cultivadas, unas de trigo, otras de maíz, otras de coles, lechugas, patatas, otras
de verde hierba para la comida de los animales y más abajo, el rio. Ese rio que
tantos recuerdos me trae, los prolongados baños en el verano y ver las truchas
saltando en sentido contrario. -
Mi tío trajo consigo
unos bocadillos de tortilla y unas cervezas dentro de un canasto de mimbre, nos
sentamos los tres a orillas del mismo y hablamos hasta el anochecer. -
Volviendo a casa, un
auto de color blanco, está en la puerta de entrada, mis padres lo han comprado
y con él nos iremos de carretera durante dos meses y conocer muchas comarcas. -
Luego de la cena, me encamino a visitar al
vecino de atrás de la casa, donde vive, al menos espero mi belleza. Toco a su
puerta y me recibe su madre, un enorme abrazo al vernos, nos trasmite la
nostalgia de tantos años. Nos hace bien. Pregunto por ella y la respuesta es… “está
ausente, ha emigrado a las islas sajonas, hace unos cuatro años, se
encuentra estudiando y no sabemos si desea volver “. Una presión recorre mi
cuerpo y al mismo tiempo la alegría por saber de ella. -
Regreso cabizbajo a casa, diciéndome…” por qué,
mi tristeza, le deseo lo mejor, fue un instante en nuestras vidas, donde
realmente sentimos lo más bello del amor, ese amor inocente, cristalino como el
agua del rio y tan fuerte como las rocas al ser golpeadas indefinidamente”. -
Continuará…