24 DE DICIEMBRE : NOCHEBUENA

 




Los días, distan con desatinada parsimonia, me levanto a lavarme la cara en el habitáculo para luego desayunar con mi madre un café con leche y unas galletas malteadas traídas de un almacén ubicado a pocos metros de la casa. Mi padre se encuentra trabajando, es cobrador de una empresa de bus muy importante de la ciudad y vuelve casi siempre de noche. La tristeza se ha ido con el corre de los jornadas, pero mi tendencia, sigue estando en aquel pueblito que me vio nacer.-

Hoy, es nochebuena, mi padre no trabajó. En la parte trasera de la casa, empalmó un tejido de hierro de cuatro patas en un rincón del suelo. Caída la noche pone unos leños en forma de pirámide y prende fuego. Mientras tanto, mi madre, con su “primus”, está cocinando unas patatas; la mesa viste de blanco con espigas y flores rojas (estrella Federal) cuatro platos con borde dorado  con sus cubiertos correspondientes y cuatro copas para tomar sidra, una bandeja hecha con varas de mimbre, alberga  el pan en rodajas.-

Hoy gozamos de un invitado, muy amigo de mi padre, pasa la fiesta con nosotros, se encuentra solo; la familia continúa en su tierra natal.- Siendo las diez de la noche, mi padre, prende una luz llevada mediante un cable que se alimenta de un enchufe desde la cocina a la hoguera y sobre ese tejido tan particular, ubica unas tiras de carne con hueso, al cual llama “asado”, las humedece con sal para darle el sabor. Mientras sucede el desarrollo, se escucha un golpeteo de tambores desde la calle, corro hacia ella y unos veinte hombres vestidos con hábitos multicolores y sombreros de paja de gran tamaño, van dando ritmo, mientras unas bailarinas de color café, cubiertas de plumas, danzan al compás enardecido.-

Miro a mi alrededor y todas las casas atildan sus ventanas con luces de colores y algún que otro árbol plantado en los jardines están  cubiertos de cintas rojas y azules, lluvia de algodón salpican sus ramas, proporcionándole  una imagen navideña y encima de él, una enorme estrella iluminada.-

El asado esta pronto, mi madre me llama y todos juntos celebramos la nochebuena. Muy diferente a mí aldea;  como mucho calor, bebidas refrescantes y  vino en botellón.  A las doce, alzamos las copas en un brindis con sidra, obsequio del señor invitado. El cielo comienza a destellar con los fuegos de artificio, música de cascabeles y campanillas salen de las viviendas. Señoras, hombres y niños fusionan  en abrazos, registrando el instante mágico.-

 

 

Continuará…