Los días, distan con desatinada parsimonia, me levanto a lavarme la cara en el habitáculo para luego desayunar con mi madre un café con leche y unas galletas malteadas traídas de un almacén ubicado a pocos metros de la casa. Mi padre se encuentra trabajando, es cobrador de una empresa de bus muy importante de la ciudad y vuelve casi siempre de noche. La tristeza se ha ido con el corre de los jornadas, pero mi tendencia, sigue estando en aquel pueblito que me vio nacer.-
Hoy, es nochebuena,
mi padre no trabajó. En la parte trasera de la casa, empalmó un tejido de
hierro de cuatro patas en un rincón del suelo. Caída la noche pone unos leños
en forma de pirámide y prende fuego. Mientras tanto, mi madre, con su “primus”,
está cocinando unas patatas; la mesa viste de blanco con espigas y flores rojas
(estrella Federal) cuatro platos con borde dorado con sus cubiertos correspondientes y cuatro
copas para tomar sidra, una bandeja hecha con varas de mimbre, alberga el pan en rodajas.-
Hoy gozamos de un
invitado, muy amigo de mi padre, pasa la fiesta con nosotros, se encuentra solo;
la familia continúa en su tierra natal.- Siendo las diez de la noche, mi padre,
prende una luz llevada mediante un cable que se alimenta de un enchufe desde la
cocina a la hoguera y sobre ese tejido tan particular, ubica unas tiras de
carne con hueso, al cual llama “asado”, las humedece con sal para darle el sabor.
Mientras sucede el desarrollo, se escucha un golpeteo de tambores desde la calle,
corro hacia ella y unos veinte hombres vestidos con hábitos multicolores y
sombreros de paja de gran tamaño, van dando ritmo, mientras unas bailarinas de
color café, cubiertas de plumas, danzan al compás enardecido.-
Miro a mi alrededor
y todas las casas atildan sus ventanas con luces de colores y algún que otro
árbol plantado en los jardines están cubiertos de cintas rojas y azules, lluvia de
algodón salpican sus ramas, proporcionándole una imagen navideña y encima de él, una enorme
estrella iluminada.-
El asado esta
pronto, mi madre me llama y todos juntos celebramos la nochebuena. Muy
diferente a mí aldea; como mucho calor,
bebidas refrescantes y vino en botellón.
A las doce, alzamos las copas en un
brindis con sidra, obsequio del señor invitado. El cielo comienza a destellar
con los fuegos de artificio, música de cascabeles y campanillas salen de las viviendas.
Señoras, hombres y niños fusionan en
abrazos, registrando el instante mágico.-
Continuará…
