DE NUEVO, CRUZANDO EL OCÉANO

 





El barco es enorme y de gran lujo, bares en todos los niveles y cuatro restaurantes de categoría. Sala de cine, teatro y casino con conjuntos orquestados ofreciéndonos temas de época y bailes íntimos en sus noches de boîte. -

Con mi compañero de camarote, nos fuimos a cubierta, había comprado una botella de anís y quise compartirla. A medida que pasan las horas, la botella casi vacía y la noche en su máxima temperatura con un cielo estrellado infinito. La oscilación del buque y el licor hizo su efecto. Con cierta lentitud, llego al camarote y ahí mismo deposité mi cuerpo hasta el día siguiente. -

Hoy, la primera vez que almorzamos juntos, en el restaurante principal. El capitán todos los días, comparte con su presencia, en diferentes mesas. La cena es verdaderamente exquisita, esta todo galardonado con centros florales y candelabros de velas encendidas. Todo este festín, es honrado y anunciado por las autoridades del barco, su último viaje a américa, por lo tanto, el servicio es de primera línea. -

Estamos cruzando la mitad del océano, me siento en una de las reposeras que están en cubierta al lado de la piscina, esta vez tomando un rico coctel de frutas y recordando pasajes de mi estadía. -

 Pienso en una situación jocosa, cuando estábamos paseando por las tierras del andaluz:

“una noche gitana, en las cavernas blancas, entre fandangos, bulerías y copitas de jerez, se hizo la madrugada.  ¡Había llevado el coche! Al momento de pagar la consumición, busqué en el bolsillo del pantalón, no encuentro la cartera con el dinero, como me había cambiado, supuse, ¡lo había dejado en el otro…oh!!!  gran problema. Entonces le dije al mesero, mi imprudencia de olvido y que lo tenía en la guantera del coche y el accedió con mucha gracia…claro que en la guantera no lo tenía; pero como salir de este lio, abrí la puerta muy despacio  suavemente la  cerré, puse en contacto, arranque en primera y tomando una calle contramano, comencé a bajar de ese monte por calles empedradas lleno de grutas blancas…miré por el espejo retrovisor y unas ocho personas corriendo hacia mí, hago un giro en redondo, para poder despistarlos  y me encuentro que  la calle no tenía salida. ¡Paro el coche y uno de los gitanos me dice...!  se te ha caído la cartera con el dinero bajo la mesa. No tenía ni idea donde estaba. Dos se subieron conmigo, regresamos al mismo lugar, ya amaneciendo y allí me entregaron la cartera, pido disculpas, pagué lo consumido …diciéndome…la próxima vez, ve por las calles habilitadas, es más fácil y menos peligroso”. -

Otra situación, se originó cuando estábamos haciendo la gestión para embarcarnos. Se acuerdan que yo llevé un permiso por cuatro meses para poder estar en mi país y no ejercer el servicio, pues bien:

“mi padre, siempre tuvo  la ilusión de que me quedara, hiciera el servicio y forjara una carrera o un oficio y acopiar el resto de mi  vida en este país que me vio nacer…entregué los papeles al agente de emigración, me revisa el pasaporte y la cartilla donde figuraba el permiso concedido…aquí hay un asunto que con tanta buena suerte has podido saltar, mirándome a los ojos, me dijo…mañana seria el ultimo día de permiso especial trabado, de lo contrario tendría que retenerte y hacer cumplir la ley…suspiré por un momento, mientras mi padre y mi madre dejaban distinguir una sonrisa pícara”.-

Como les digo, situaciones de las cuales me he salvado con una ligera mella de suerte. -

Continuará…