Ya estamos a mediados de año 1956, los calores del mes de Junio, anuncian el inicio de festividades de cada pueblo. Atrás, quedó la aprobación y el apoyo que le hice a mi madre, para unirnos con mi padre al sur de América. En estos días, mi madre frecuenta mucho la capital, realizando trámites para obtener el pasaporte y estar en condiciones de viajar.-
Hoy es domingo, mi madre,
me muestra el billete de embarque, viajaríamos en un gran barco, también enseña una libreta
donde están nuestras fotos juntos, pues al ser menor, debo viajar en el mismo
pasaporte.-
En ese momento, llega
mi amigo que vive a dos casas de la nuestra; salimos a recorrer
los montes cercanos; mientras intercambiamos anécdotas, le cuento mi viaje
a ese país tan lejano; él, queda embelesado
por el relato. En ese instante vemos una liebre que corre sin cesar esquivando
los feítos, andamos para alcanzarla y un señor con una escopeta enorme, trata
de dispararle y así obtener una pieza más en su chimenea de adorno.-
Llegamos a un lugar
tan alto que podemos ver todo el pueblo con sus casitas blancas, los techos de
tejas marrones y un gran molino al lado
del afluente para desgranar el maíz o el trigo de cada cosecha. Quiero llevar
esta imagen antes de partir, con mi amigo, hicimos el juramento que en un
tiempo no muy lejano volveremos a encontrarnos… regresar a este lugar y expresar
en una gran abrazo, el hermoso caudal donde hemos crecido.-
Continuará…
