En el correr de este año, han sucedido aspectos inéditos en el país, sobre el mes de abril la naturaleza se ensañó y dio lugar a unas inundaciones jamás vistas, según los expertos, en los últimos cincuenta años. Nosotros pasamos muchas dificultades, con muchos cortes de energía eléctrica, pocos suministros de alimentos. El territorio en toda su extensión quedó prácticamente bajo las aguas, el ganado adolecía por falta de pastura y las ciudades estaban atravesando por un caos que duro muchos meses. -
Mientras esto ocurre, estoy preparando la
primera comunión, catequesis en el gran santuario que por primera vez había
visto cuando arribé. Su parte interior consta de una nave central y dos
laterales con una altura pocas veces vista; de la cúpula central cuelga un
enorme candelero de cristal con dos docenas de bombillas en forma de vela,
círculos de ventanales, rodean en lo más alto. En sus naves laterales arcos
sostenidos por columnas de mármol rosado y esfinges de santos rodean el entorno.
En lo alto del altar, un enorme recinto guarda un Cáliz con el sagrado sacramento.
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Hoy es el día
indicado, somos en total veinte niños con atuendos casi similares, traje azul, camisa
y corbata blanca y un gran lazo blanco en forma de cruz atado en el brazo
izquierdo; por supuesto zapatos de color negro y medias blancas, completa el
atruendo. Un catecismo de nácar blanco y un rosario en mis manos. En fila de menor
a mayor delante de la puerta principal del santuario, nos dirigimos por el
centro de la nave hacia los primeros asientos junto al altar. Allí el sacerdote
nos recibe con un saludo efusivo, dando gracias al Señor por el nuevo rebaño
que va a integrar el mundo de oración. -
En un momento dimos un
paso adelante y uno a uno recibimos de mano del sacerdote el cuerpo y la sangre
del Señor. Corre por mis adentros, una rara sensación de gozo y felicidad, que
culmina con las palabras…” recibe el santo sacramento de la comunión en
conmemoración mía…el Señor esté contigo… amen”. -
Culminada la
ceremonia, volvemos a la puerta principal de la iglesia; allí nos esperan
nuestros familiares. Cada uno es abrazado por los suyos y en un intercambio de
estampas conmemorando este inolvidable instante, somos correspondidos con
donativos económicos en pequeños sobres blancos. -
Continuará…
