Mis relaciones de noviazgo, están llegando a la enorme decisión de tomar un nuevo rumbo social. Pero antes, necesito hacer este hermoso viaje junto a mis padres; una especie de despedida de soltero. Conocer otros países, presentación de nuevos familiares y aventurarme en otras costumbres. Mis amigos conocedores de esta locura emocional, están plenos de regocijo y sinceros deseos de un transitar maravilloso. -
Mes de junio, ya son
las diez de la mañana, los preparativos están a flor de piel, maletas por allí,
bolsos por acá, documentos en regla y vestidos casi para un casamiento. Un taxi
nos traslada al aeropuerto, el señor maletero nos ayuda con su carro a poner
todos los bultos y nos traslada al mostrador de embarque, donde realizamos el trámite.
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Por altavoz, nos
informan, cual es la puerta a cuál tenemos que dirigirnos para tomar el bus que
nos traslade al inmenso avión que nos está esperando. Es la primera vez que me
subo a uno y el nerviosismo es mayor. Ya en su interior, nos ubican en los
asientos correspondientes, a mí, me toca por suerte, la ventanilla. Luego de unos
minutos, las azafatas, nos ofrece demostraciones de vuelo mientras la aeronave
se pone en movimiento para trasladarse al punto de despegue. Comenzó a
carretear, cada vez con más fuerza hasta poderse elevar y surcar en lo más alto.
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Al cabo de tres
horas, nos dan un delicioso almuerzo y los tres brindamos con una copa de vino,
el comienzo de esta aventura, que nos lleva a lugares diferentes. El comandante,
anuncia la duración del vuelo, será aproximadamente de siete horas; por lo punto
da lugar a una reflexión y descanso. La alerta de atención, nos despertó; es el
aviso para el descenso. Un nuevo país nos espera, familiares nos esperan, nuevos
hábitos nos esperan. La estadía, vislumbra una semana, una semana para conocer
sus costumbres, sus lugares. La familia de mi padre, es decir sus hermanos y hermana con sus respectivos conyugues y sobrinos, nos dan el sensible saludo de enhorabuena. –
Continuará…
