A medida que transito; observando tanta belleza de paisaje…
hace unos cuantos años, en una reunión de actividades diferentes…me hicieron la
siguiente interrogación…
¿Qué opinaba de las religiones?
...luego de una breve pausa…les comenté: … “en mi niñez y adolescencia, mi inclinación
fue católica practicante…hasta llegar al instante de la desilusión misma, por
hechos acaecidos, reservándome sus motivaciones. La creación de dioses,
inventados por el hombre desde su quimera en distintos elementos… sol… luna…
mar… fuego…el dios de la guerra…el dios creador del universo, según la biblia;
escrita a imagen y semejanza de quien la editó; creando un dios que penaba sin
cesar el mal comportamiento de su querido pueblo; se hacían sacrificios para
poder calmarlo… le castigaba con pestes, etc…etc.… luego llega su enviado…el
hijo de un carpintero que, ensalzó masas con su predicación de sanación y libertad.
-
Algunos lo siguieron y
otros lo abandonaron y como era un adversario, según los imperios; lo
crucificaron sin saber por qué? por lo
tanto… me cuesta entender… llegué a la conclusión de no ahondar en el tema”. -
Esa cruz, donde fue azotado y rasgado de sus envestiduras;
quedó vacía a merced de los siglos, simbolizando la muerte…una cruz que, nos
trae el recuerdo de la penitencia y la oración constante. –
Cerca de cumplir mis treinta tres años: le di vuelta a esa
cruz; llena de cargas no concebidas y la convertí en una espada… si, en una
espada… empuñándola, alzarla a lo alto, pelear contra las adversidades y
proteger a mi familia en un mundo de avatares. -
Respeto todas las religiones habidas y por haber y también a
sus creyentes; es bueno asumir en momentos de angustia, una salida a las
complicaciones, fortalecerse por un ser ausente…refugiarse en un lugar
imaginario y poder dar las gracias, pedir perdón o simplemente agradecer y
refugiarse con el soplo de la imaginación. –
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Una palmada en mi espalda, me hace retornar a la realidad;
es mi gran amigo de todos los años…nos confundimos en un gran abrazo. Nos
dirigimos al salón de marinas fastuosas y disfrutar de dos espumosos vasos
cerveceros, observando el balancín de los veleros… y relatar anécdotas de nuestra
juventud. –
Continuará...