CAMINO A FRANZIS

 



Luego de un pronunciado letargo; mi vida se asemeja a una ruleta y no saber en qué casillero voy a aflorar. Pensamientos diseminados, sin saber que orientación tomar. Nostalgias vividas en las largas noches, tratando de ver un albor que ilumine mi trayecto. Una voz que, me oriente hacia otro sendero, donde vuelva a sonreír y tener la esperanza de encontrar la llave de la verdad; si es que existe. Toparme con el don de una rosa del desierto; esa rosa de colores increíbles, de una posición única, brotando en su lugar árido, pero, con muchas ganas de existir. Es la rosa que necesito, ella; puede brindarme el tratamiento a mi ansiedad y depresión para calmar mi rabia; aportando dulzura y fortaleza. –

Un suave resplandor, se filtra por la espesa vegetación de mi existencia, iluminando mi rostro; hace que, mis ojos lentamente se abran y con suave brisa, rocen de energía. Miro a mi alrededor y veo un largo camino, cubierto por alfombras de color ocre, simbolizando la estación otoñal; sus árboles de hojas caídas, señalan la senda; al costado, un caudal de agua cristalina acompaña mi andar; en cada tramo, sus cascadas, golpean pequeñas rocas, salpicando susurro que, solo la naturaleza puede manifestar. En la cúspide de una de ellas; una rosa, emerge de su interior facilitando mi llegada; la elevo con suavidad; acaricio sus blandos y coloridos pétalos, dejando atrás los adoquines enraizados por las ramas secas. -

Mientras me embriago con su sustancia; continuo mi andar hacia un puente; un puente donde me permita cruzar y llegar a una zona luminosa y sólida; dónde los pájaros trinan en mi transitar, indicándome el pasaje. Ya en él; vislumbro la luz de intenso fulgor. ¿Me pregunto…” será mi anónimo mundo de ilusión?; con nueva frescura?, ¿con nueva belleza?, ¿con nueva comprensión?, con la simpleza de volver a existir?”. -

Allí; al final del puente, me espera un universo magnífico. Ese lugar se llama “franzis”. -

Continuará…