Los días continuaron en mi aldea, ya cerca de los ocho años, tengo mi faena marcada por mi padrino. Hoy llevo las dos vacas al prado para alimentarlas con la fresca hierba que bordea al rio; mientras tanto, recorro la tierra arada, pronta para dispersar semillas de trigo, cebada; numerosos surcos para el plantío de las patatas, lechugas, berzas, repollos; todo ello y de forma intercalada árboles frutales de distinta especie, adornando el inmenso labradío.-
Oyeee!!!...grita mi
padrino; donde está la otra vaca?...miro hacia tras y la vaca parda, no moraba…corro hacia la orilla
del rio y allí estaba tomando grandes sorbos de agua fresca…aquí, padrino…aquí…!!!
Con la ayuda de él,
llevamos las dos criaturas con sus respectivos arneses, hacia la corte, para poder
descansar y al día siguiente ordeñarlas en unos cubos de aluminio, dejando caer
esa leche fresca, espesa y rica.-
Pero eso no fue todo,
recojo uno huevos del gallinero para mi abuela y acto seguido, me sirvo un tazón
de leche recién ordeñada con un pedazo de pan de broa y me marcho para el
colegio…es tarde y comienzo a correr, pretendiendo que el guardiacivil me lleva
en su bicicleta, pero esta vez no tuve la estrella e inicié la travesía lo más
rápido posible…
Continuará…
