Mi sueño, se concretó. Paso a integrar la plantilla familiar en el gran restaurante dirigido por mi padre y mi tío. -
Febrero, viernes a las veinte horas de 1969,
está todo pronto para la apertura de un gran restaurante. Un enorme salón,
alberga más de cuarenta mesas, con capacidad para unas doscientas personas. Una
isla en forma de puntero, hace de mostrador, decorado por cerámicas azules y
blancas, una heladera en madera barnizada de doce puertas y arriba de ella,
cubos de colores dan rienda a pluralidad de bebidas. En uno de sus lados, la
máquina registradora con comando de adicciones. Una gran parrilla, situada en
lugar estratégico, para poder ser divisada por todos los comensales. Su mostrador también revestido de cerámica rústica
de color bronceado, le da el toque original. Los quemadores, prontos con sus
leños para encender. Tres grandes tejidos engalanan el espacio, cada uno de
ellos con sus respectivos manjares, “mantas de asado, pulpones, entrañas, patas
de cordero, carré de cerdo, pamplonas, matambres rellenos, papas al plomo,
menudencias (achuras) y un spiedo para dieciocho pollos al costado de la
misma”. En la parte lateral de la parrilla, del lado derecho, dos baños muy
completos y a continuación, un breve pasillo nos lleva a una cocina internacional,
un espacio que tiene vista a un predio enjardinado, donde están depositados los
rolos de leña. La cocina de hierro a leña también, llamada, económica, tiene
cuatro hornallas y dos hornos formando un islote, rodeada de estantes con
utensilios de elaboración y una mesada con tres piletas fregaderos; en uno de
los vértices, una puerta de acero inoxidable, nos indica la entrada a una
cámara frigorífica de unos cuatro metros cuadrados, donde está toda la
mercadería, esperando ser servida en las diferentes zonas. -
Ya es la hora, se
encienden las luces de las marquesinas, los colgantes del gran salón iluminan
la decoración. Los camareros etiqueta blanca y corbata de lazo azul, esperan la
entrada de los invitados. Los maestros del fuego, todos de túnica con su
gorrito al tono, cuidan el deleite de la gastronomía típica de esta
procedencia. -
Todos en su lugar; el
mío, en la mesa de adicciones, le damos la bienvenida a toda la concurrencia,
que nos dispensan con su asistencia. Distribuidores de distintos rubros, van
dejando ramos de flores, acompañados por sus señoras e hijos. Funcionarios de la administración pública, delegados
de la zona, representantes municipales, guardias de la ley, colegas de otros
puntos de la ciudad y nuestros amigos y vecinos. –
Grandes ventanales,
dejan ver las luces de los coches y buses que transitan por ambas avenidas,
saber de buena tinta, que hay un nuevo lugar en la ciudad para disfrutar, de un
almuerzo o una buena cena en compañía. -
Con hilo musical, un
cuarteto de tambores y un conjunto de gaitas, da por comenzada la inauguración.
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Continuará…
