EL RELATO

 




Los días continuaron en mi aldea, ya cerca de los ocho años, tengo mi faena marcada por mi padrino. Hoy llevo las dos vacas al prado para alimentarlas con la fresca hierba que bordea al  rio; mientras tanto, recorro la tierra arada, pronta para dispersar semillas de trigo, cebada; numerosos surcos para el plantío de las patatas, lechugas, berzas, repollos; todo ello y de forma intercalada árboles frutales de distinta especie, adornando el inmenso labradío.-

Oyeee!!!...grita mi padrino; donde está la otra vaca?...miro hacia tras y la  vaca parda, no moraba…corro hacia la orilla del rio y allí estaba tomando grandes sorbos de agua fresca…aquí, padrino…aquí…!!!

Con la ayuda de él, llevamos las dos criaturas con sus respectivos arneses, hacia la corte, para poder descansar y al día siguiente ordeñarlas en unos cubos de aluminio, dejando caer esa leche fresca, espesa y rica.-

Pero eso no fue todo, recojo uno huevos del gallinero para mi abuela y acto seguido, me sirvo un tazón de leche recién ordeñada con un pedazo de pan de broa y me marcho para el colegio…es tarde y comienzo a correr, pretendiendo que el guardiacivil me lleva en su bicicleta, pero esta vez no tuve la estrella e inicié la travesía lo más rápido posible…

 

Continuará…


LA ESCUELA

 





“Con 7 años, comienzo la escuela. Mi padrino, habló con la maestra de una casa rural a unos tres kilómetros de mi morada”.-

Hoy, comienzo de la primavera del año 1954, me visto con el mejor pantalón corto, dejo los zuecos y me calzo unos hermosos zapatos de color negro con medias grises, en la parte de arriba un suéter de lana y una boina. Un saco en forma de portafolio conteniendo una pizarra con moldura de madera. Un beso a mi abuela y otro a mi padrino; mi madre estaba ausente, pues hace tiempo, está  trabajando de servidora en una mansión de señores, cerca de la ciudad.-

Camino por el sendero que lleva a la carretera principal y ahí comencé a marchar. La suerte está de mi lado; unos timbres, me hacen dar vuelta, es el guardiacivil del ayuntamiento, me sube a su bicicleta llevándome hasta la puerta del establecimiento. Allí me recibe la maestra, una señora mayor, un pañuelo cubre su cabeza para sujetar el largo pelo; me dio un abrazo y me dijo…” bienvenido, aquí tienes tu segunda casa y una ventana para ver el mundo, con vocablo diferente…”

 

Continuará…


LA HIGUERA

 



Luego de estar unas semanas en reposo por la herida recibida en tiempos de malla y entrando en el mes de abril del año 1954, con la primavera, comienzo a explorar los alrededores de las tierras perteneciente a la familia.-

Hoy es un día de contacto con la naturaleza misma, corriendo por los surcos ya preparados para la nueva siembra, llego a una arboleda llena de castaños, cerezos e higueras. Siento un cantar de jilguero en la copa del castaño, me subo “soy buen trepador” y encuentro un hermoso nido con cuatro huevitos chiquitos, llega la mamá y muy atenta a lo que hago, observa todos mi movimientos. Despacito, bajo para no molestarla y me subo a la higuera, tengo hambre y deliciosas brevas de color morado, tentaban mi paladar, arranco una, en su interior semillas rojizas, al introducirlo en mi boca, un líquido casi celestial baja por mi barbilla.-

Cuenta mi padrino que todo aquel ser, que descansa debajo de una higuera existe un desafío para los valientes, la leyenda cuenta de que si se sube a la higuera en noche de San Juan y soporta gritos y aullidos sin temores, se puede arrancar una flor de la higuera y colocarla en el pecho. Quien se animaba a esto, al día siguiente la fortuna le sonreirá.-

No contento con ello, me dirijo al árbol de cerezos, hermosos frutos rojos de un gusto mágico, delicioso, único.-

De regreso a casa, al lado del camino, encuentro un huequito rodeado de musgo entre dos piedras, un nido de “carrizo” y él estaba allí, tan pequeño como una nuez, me mira, como diciéndome, “hola, soy muy chiquito, espero verte cuanto pases por aquí”….

 

Continuará…


LA MALLADORA

 



El momento más  esperado, es cuando se realizan las recolecciones de trigo; cada pueblo, con ayuda de sus vecinos, se reúne para ayudar en la faena de cosecha, segar, separar el grano de la paja.-

Todas las vecindades cercanas, consiguen un  espacio,  para dedicarse a trillar el trigo, el centeno, la cebada para elaborar el pan y así tener comida para todo el año.-

Hoy, nos toca a nosotros, estoy muy contento, es un día de fiesta, hombres y mujeres se preparan para dar comienzo a la malla. Una enorme máquina, que va de pueblo en pueblo, tomó vida mediante un rugido ensordecedor, un tambor gira en su interior sin cesar, a una velocidad increíble.-

 Un hombre se sube, escalera mediante, a lo alto de la máquina, unos fardos le llegan a sus manos, los introduce, previamente desatados  en el tambor, el trigo sale por la parte de abajo y la paja por la parte de atrás.-

La voz de mi padrino, se hizo sentir y el artefacto dejó de hacer ruido. “Un descanso...” se sintió en la inmensa “eirá”, la mujeres entre ellas mi madre y mi abuela, reparten agua fresca y algún bocadillo a todos los que  asistieron a la faena.-

Algo está pasando, porque la”malladora “no arranca, el señor, su dueño; tomó una llave francesa y ajustó algunas tuercas en el tambor; le dio arranque y funcionó de nuevo…yo estaba lejos de todo acontecimiento y de repente siento que todos los vecinos dan vuelta para mirarme, exclamando “madre mía, pobre niño”…en eso miro con el rabillo del ojo hacia mis pies y un tremendo sangrado emana en uno de mis tobillos, una parte de carne queda abierta,  dejando ver profunda herida. Al minuto me doy cuenta que estoy en una situación compleja…la llave que el señor utilizó para restaurar  la”malladora”, salió despedida por el tambor incrustándose en mi pierna izquierda. Rápidamente, dos hombres me suben a un carro con mulas muy rápidamente al veterinario, cerca de la iglesia…a partir de ese instante, pierdo el conocimiento…

Continuará…


EL RÍO

 




Los días eran muy comunes; hoy, mediados del año 1953, voy de paseo con mi abuelo a recorrer los lugares afines a su pertenencia. Caminamos por un sendero que apenas entraba el  carro con dos vacas, me ubico en la parte de atrás y mi padrino lleva las riendas delanteras. Todo es fascinante, a  los costados, ataviando el pasaje, matorrales de frutas silvestres como la moras en sus colores negro y rojo; plantas de flores amarillas llamadas “toxos”, adornan el camino.-

Me dijo: “en aquel prado, apastan las vacas y un día, tú cuidaras de ellas, para irte acostumbrando a la labranza y a los olores de la tierra húmeda y fértil que nos da el alimento tan necesario para alimentarnos todo el año”.-

Llegamos a la tierra sembrada de maíz y trigo; me muestra cuatro figuras ubicadas en el metraje de la siembra, enormes espantapájaros, adornados con latas para que el roce del viento las haga sonar espantando a los mirlos y otras especies de aves, para que coman las semillas.-

Luego, dejamos que las vacas saciaran su sed a la orilla del río y logramos llegar a su desembocadura, tan cristalino como ruidoso, su golpeteo constante en las piedras pulidas por el tiempo, es una interminable melodía refrescante. El calor de la tarde, invitó a darme un baño, bajo la atenta mirada de padrino, me sumerjo en su rocoso cauce y siento la frescura del agua pura, que con mucha fuerza acaricia mi cuerpo de encantados frotes.-

La noche se hace presente y emprendemos el regreso a casa, al llegar, mi abuela tiene la cena pronta y esta vez, me encuentro con la sorpresa; mi comida preferida: unas ricas patatas fritas con huevos y una rodaja de pan de maíz con pimientos.-

 

Continuará…


LA CURIOSIDAD

 


Con mis cuatro añitos, los días y las noches transcurren con una cierta textura armónica; los cambios de estación son testigos de celebraciones por los santos nombres, por las siembras del maíz y el trigo, por las cosechas de lo sembrado y las fiestas que cada año, vestían mi casa de ramos de olivo y olores panificados y platillos de carne en salsa de tomate y patatas. Era mi momento más feliz.-

Tengo una percepción; dudas sobre situaciones y desencuentros. Mediados del año 1952, había unos días que mi padre no asistía visitarme. Me imaginaba tantas cosas…que era un señor muy ocupado…que tal vez trabajaba en un lugar muy lejano…pero mis dudas permanecían en mi ilusión…hasta que, convoqué a mi madre para que me explicara “por qué mi padre abandona por largo tiempo nuestro hogar”.-

Ella me alzó en su  regazo y empezó a explicarme, cuál era el motivo de su ausencia.-

“Tu padre, nos visita cuando su tiempo lo permite, puesto que trabaja lejos de aquí, en un barco mediamente pequeño, trasladando gente de un pueblo a la ciudad y viceversa, cruzando las rías, su trabajo, requiere de muchas horas, por lo tanto, duerme  en un  pueblo.  Muy temprano, comienza a prender los motores, mientras espera el arribo de los pasajeros y llevarlos a la ciudad para efectuar sus compras o trabajar. Y día tras día se renueva la misma jornada. Ese es el  motivo por el cual a veces pasan semanas que notamos su ausencia, pero siempre  te da un enorme beso en tus mejillas cuando parte; como lo sucedido hoy, te dio un enorme abrazo mientras estabas dormido y emigró a Sud América, un país al sur, donde existe la posibilidad de beneficiarse con un  futuro próximo más  atrayente y algún día llevarnos para estar juntos nuevamente”.-

 

Continuará…


LA ENFERMEDAD

 



Llegado el invierno de 1949, con mis  casi dos añitos, sucedió algo inesperado. Comencé a sentirme mal y mi piel cada día estaba más oscura; todos corrían de un lado a otro; los vecinos presurosos, tratan de poner calma, nadie imaginaba lo que me estaba pasando.-

En ese entonces, los males colmaban a casi todos  los pueblos del norte, unos decían que era la herencia  de la posguerra, otros a la hambruna; los recursos médicos eran escasos y a veces necesitábamos de una comadrona para asistirnos.-

A todo ello, yo estaba cada vez peor…perdí  el conocimiento.

“La historia cuenta que a lo largo de esa etapa crítica, una señora me aisló en un colchón de berzas, las humedeció y en una bandeja me introdujo en el horno, aún tibio por la cocción anterior de bollos de maíz; no habían pasado diez minutos, la llegada mi padre preguntando donde estaba y…todos con la cabeza gacha y el brazo extendido marcaban el horno. Mi padre, no dudo un segundo y tomando una bolsa vacía de patatas, tira hacia fuera y me puso en un cesto abrigándome de mantas y paja. Rápidamente aviso a nuestro vecino; él tenía un camión pequeño; sin el menor titubeo, prendió el motor para llevarnos junto a mi madre, a la ciudad más próxima. Llevándome en sus brazos hacia el interior del hospital, una enfermera, me depositó en una camilla y corriendo logré llegar  a un cuarto con mucha luz blanca, resignaron internándome  durante veinte días, con inyecciones, una por día, hasta que recobré la noción”.-

Hoy con cuatro años…nunca supe cuál fue mi enfermedad…

 

Continuará…


LA CASA

   





Ha pasado un año y medio, mediados de 1949 y los primeros pasos de mi niñez, comienzan a corretear por la inmediaciones de la casa familiar.-

La casa de piedra, es formidable; tiene su entrada por el camino que lleva al monte de los pinos y al rio; una enorme puerta partida en dos, lleva en cada una de las alas  un travesaño en forma de Z. A mi derecha, se encuentra la cocina con su monumental chimenea y el inmenso horno, en la esquina un pote colgado de una cadena al techo siempre humeando, su intenso olor a cocido y caldo, impregna todo el ambiente. Un poco más hacia la ventana, sobre el piso de tierra, una enorme mesa, tiene una tapa y hueca en su interior, se guarda la harina, traída desde un molino cercano; en esa mesa, nos reunimos para el almuerzo y la cena, como siempre en la cabecera el patrón de la casa…mi abuelo.-

Mi familia, estaba compuesta por mi abuelo, que más adelante se convirtió en mi “padrino” por ser el elegido de mi bautismo; mi abuela, adorable mujer; mi madre, lo mejor; mi tío “chucho” y mi padre que iba y venía, pues estaba de servicio.-

Saltando de aquí para allá, subo la  escalera de madera, estoy en la planta alta; hay dos dormitorios  y uno más pequeño, llamado “ faiado”. En uno de ellos, sobre una esquina estaba un pedestal con una cubeta esmaltada, donde se higienizaba la cara al amanecer y debajo de ella  una abertura redonda con una tapa, ese hueco era el inodoro. Una enorme ventana orientada a la puesta del sol, deja ver un formidable valle de tierra labrada y senderos verdes.-

Dejo la parte alta y bajando me dirijo al otro extremo de la casa. A mi izquierda  una habitación grande, allí duermen mis abuelos, una tina de madera cubierta por una gran sabana, donde nos bañábamos una vez a la semana y un poquito más al costado una segmento chico, donde se faenaba el cerdo. Cuando lamentablemente le llegaba la hora, ese día trataba de no estar, pues los gritos me asustaban mucho.-

Salgo para el otro costado de la casa  y un espacio enorme, donde juego, se encuentran cerros de paja, en manojos para alimentar el ganado en invierno y renovar las” cortes “. Un techado de madera guarda los arados, las grades, los arreos y otras herramientas para la faena del campo, una piedra redonda enorme con un pedal a su costado, donde mi padrino, estaba horas afilando las guadañas y cuchillos.-

Un corral cercado de piedras y pequeños mimbres, alojan algunas gallinas, conejos y pequeños cerditos. También a su alrededor plantaciones de patatas, berzas, repollo y nabizas. Completaban esta tendencia animal…dos vacas, un burro y mi amiga la gata “maruxa” que me acompañaba a todas partes.-

Por último, el emblema de la casa, el “hórreo”, era el límite de nuestra casa al vecino; lo veía un gigante, quieto en el tiempo, siempre presente. Una construcción de origen aldeano destinado a secar, curar y guardar maíz y otros cereales. Tiene unas aberturas muy pequeñas para ser  permeable al paso del aire, esta apoyado sobre cuatro pilares de piedra para evitar la entrada de animales y humedad.-

Continuara…


EL PERIODO

 




En este año, todo comenzó; puede decirse que fue una etapa clave para entender lo que sucedió después y entender lo que sucede ahora. Este año en que nací, se rehace un puzle de grandes acontecimientos y también de pequeñas personas, colocándolas para formar la leyenda.-

Quizás es el año de restaurar mi historia; tal vez, no es el tiempo lo que hay que mantener; tal vez soy el inicio del camino que crece y crece. Mi herencia es una corriente constante, pasando por el orden y el desorden; allí en esos recuerdos, bajo la persistente nieve, esta mi familia…mi luz.-

A partir de este momento, comienzo a transitar un sendero, que al paso del tiempo, sucederán situaciones  y encuentros formando el puzle de  mi vida.-

 

Continuara…


LA CARTA

 




Pasaron los días y la Navidad estaba llamando a la puerta de mi casa. Los hornos de barro y piedra, comenzaban a tomar calor de las ramas con sus piñas traídas del monte. La mesa de madera cubierta de una enorme masa, donde mi abuela elaboraba roscas y panecillos dulces. Mi abuelo con la pala, levantaba los bollos y los introducía en la boca del horno a una temperatura tan alta que todo se sentía  confortable.-

Allí,  en aquella esquina, junto  al aparador, estaba yo, en un canasto de mimbre, envuelto por un mantón a cuadros, mirando todo el zarandeo de panificación y humedeciendo el olor tan particular de la elaboración.-

Mi madre, a toda prisa, trae en sus manos una carta que se la entrega a mi  abuelo… la abre con mucho cuidado y señalándome con un gesto de cabeza…es de su padre.-

‘’ Este viaje es eterno, pero mucho más, lo lejos que te encuentras hijo mío, no siempre el destino acepta la lejanía, espero que lo reconozcas, la tirada es cruel, pero te quiero mucho y eso tú lo sabes, tu madre está contigo y de mis pensamientos  no sales. No te pongas triste, piensa que esto, nos hace más fuerte, tu madre te ama mucho y no quiero que la distancia sea una barrera para que mi mano te alcance ’’.-

Continuara…


EL COMIENZO ( PRIMERA PARTE )

  
 

Finalizaba el año 1947, muy cerca de la Navidad y en un pueblito al norte de la península ibérica, totalmente blanco por la nieve, casas de piedra y techos de tejas, el humo de sus chimeneas serpenteaba por el intenso viento del norte, cuyo suspiro fusionaba con el llanto de un niño acabado de nacer.-

Nací, en una casa de montaña, rodeado de simpatía y amores, gobernaba la paz y el calor de los animales de la cuadra, que articulaban  con su expresión curiosa por la llegada de un nuevo componente.-

Rodeado por las caricias de mi madre, poco a poco se fueron acercando mis abuelos, mis tíos y los vecinos con sus enormes abrigos, trayendo presentes de abundancia, pues era el estilo , adosar bolsas de maíz, azúcar y trigo;  un  buen caldo caliente hecho en el pote del LAR con muchas horas de fuego, onzas de chocolate a mi madre, para que tomara fuerza. Todos alzan unos cuencos de barro  y un botijo, vierten  aguardiente sobre ellos, entonando viejas canciones,  las horas fueron pasando y el sonido fue llegando a las demás casas, llevando el sensible acontecimiento… un murmullo, silenció el festejo…una lágrima estampilló la falta de un gran colaborador…MI PADRE.-

                                                                                                                                      Continuará…