Ya instalados en el
coche y cercano al mediodía, nos enfocamos por la rambla costera a un lugar de
comidas; una ubicación intima en las mismas arenas playeras. Un gran espacio de
pescadores artesanales, señala un encuentro gastrónomo con aroma a mar.-
Bajada siete de la
costanera; entrada angosta de arena; ligeros arbustos, adornan el camino hacia
el estacionamiento. Parador restaurante, sobre las blancas arenas; es sin duda,
el lugar mejor. Una carta del menú, nos sugiere diferentes platos, tanto en
carnes rojas, como la pesca del día. -
Mientras esperamos
por los platos elegidos; mi señora compañera, alza en brazos a mi nieto y lo
lleva hacia la playa y contemplar la hermosa vista del entorno; recorriendo
también el patio exterior, con su música, tonalidad y luz. Un rico postre,
elaborado por el emprendimiento, llegamos a la sobremesa de la misma, con
gentileza de café y té, sorpresitas para el niño y un agradecimiento por la
buena atención del personal. –
Acto seguido,
continuamos el recorrido por la misma costanera hacia el hogar; padres de mi
nieto del corazón. -
El encuentro, es
increíble y sumamente apasionante; como si se conocieran de este pequeño tiempo
transcurrido; corriendo los dos, se confundieron en un abrazo y la química fue
tal que, sin pensarlo, jugaron sin cesar durante un buen tiempo. Nos quedamos
todos con los corazones henchidos de emoción por ver tanta ternura. Dos niños,
nacidos el mismo año, el mismo mes, con apenas dieciséis de diferencia, hayan
encontrado esa afinidad; me llena de emoción al verlos. –
Siendo las diecinueve
horas; llega el instante de despedirse y llevar a nuestros acompañantes a la casa
de su abuela. -
Besos y abrazos,
intercambio de presentes por parte de las mamás; me vuelco a la carretera rumbo
al lugar de estadía; agradeciendo el momento deleitable, junto a mis seres
queridos. –
Continuará…
