Una fría mañana de fines de noviembre, llegamos al puerto; el barco tiene la hora de partida a las siete de la tarde. Nos dirigimos a un hotel muy cerca de la dársena a encontrarnos con unas amigas de mi madre que también se dirigen al mismo país de América, con ellas estaba un niño de mi edad.-
Luego de almorzar,
despachamos el equipaje en la empresa del buque, para estar más libres y poder
recorrer la ciudad, por cierto muy curiosa; todas las callejuelas empedradas
son diagonales y en diferentes pendientes, murallas que tonifican el ingreso de
los barcos a la bahía. Acto seguido,
todos juntos, disfrutamos de un caliente chocolate en tazas grandes con
azucarados churros.-
Es la hora del embarque, caminamos un poco; una larga fila de personas, espera turno para llevarnos a ese diferente mundo tan manifiesto en las palabras de mi padrino. Elevo la vista y allí en el borde de la proa con enormes letras blancas, el nombre del barco.-
Continuará…
