Ya estamos en el mes de setiembre y durante este tiempo, luego del funeral de mi madrina; decidimos volver a la normalidad. Un señor, amigo de mi padre, que realiza trabajos de construcción, nos visita y junto a él y otros tíos y tías de mi padre, nos trasladamos por senderos a recorrer gran parte de la región. El camino del peregrino. Llegar a una catedral donde supuestamente están los restos de un apóstol muy respetado. Gente de todo el mundo, realiza éste viaje tanto andando, en bicicleta o cualquier otro transporte permitido, para obtener la anhelada certificación. –
Es casi el mediodía,
serpenteamos callejuelas empedradas muy angostas, hasta culminar en una gran
plaza y allí, al costado una enorme catedral nos saluda con su repiquetear de
campanas. Una muchedumbre sube y baja por las escalinatas, una enorme puerta se
abre y nos deja ver la hermosura de su interior. Una enorme coba, cuelga de la
nave principal y en lo alto del altar la imagen del predicador idolatrado. –
Las tres de la tarde
y el apetito se hace sentir. Un tío de mi padre, nos conduce a una especie de
fonda muy cerca de la plaza. Bajamos una escalera también de piedra y al final
un enorme salón con grandes ventanales, donde se puede ver un gran parque con
senderos al estilo laberinto y en cada intersección fuentes vivas con lluvias
de diferentes estilos. Una larga mesa nos espera, para saborear las exquisiteces
de esta zona. Platos diversos; mariscos, tortillas, pescados y chuletas de
cordero con patatas. Vino en abundancia se vierte en pequeños cuencos de barro
y así brindamos por un día hermoso y familiar. -
En breves días, regresaremos
a nuestro país de morada. Culminado el banquete, abrazos mediante, tomamos
diferentes caminos; nosotros hacia la casa del padrino, para acompañarle en
estos días restantes y disfrutar de su tosca figura y tierna amistad. –
Continuará…