DE REGRESO, UNA SIMPÁTICA...

 




Embarcados en el ferry hacia la orilla opuesta, donde se encuentra nuestro coche e iniciar el   traslado, rumbo a casa. –

En el camino, comentamos lo vivido y sonrisas mediante…les digo: ¡tengo una simpática anécdota para contarles, y… todos a la vez …cuenta!!!…cuenta!!!…

“Hace años atrás, cuando vuestra madre y yo, estábamos de novios, con otra pareja amiga, decidimos venir a este lugar, por primera vez. Una odisea de cuatro personas, para vivir algo distinto y emocionante, pero…siempre hay un, pero…ninguno de los cuatro teníamos los documentos en regla, ya que somos extranjeros y para viajar, teníamos que tener los pasaporte al día. Lo cual comenzó a complicarse. Estábamos a dos semanas de la misma. Una reunión urgente, planificamos nuestro proyecto; por un lado, mis amigos en la reserva de los billetes y por la nuestra, todo el papeleo en el consulado. Mediante un funcionario, muy dispuesto a nuestro cometido, acelera nuestra petición…bien…bien…en una semana teníamos todo… bueno… casi…se originó un pequeño problema…mi novia, no podía viajar sin consentimiento de los padres, era menor. A todo ello, sus padres, no estaban muy de acuerdo que su hija viajara con nosotros; por lo cual, llamaron a mis padres y hacerlos responsables de nuestra relación. Luego de unas horas de convencimiento, nos trasladamos hacia el edificio de migración, para obtener el permiso de menor. Sus padres estamparon la firma, confirmando la autorización y un gran alivio llegó a nuestros corazones. Podemos ir de viaje y lo hicimos fantásticamente.” -

Eso es todo…dije. Unas sonrisas picarescas y cómplices, estallaron al unísono en el trayecto. Los miro por el espejo retrovisor, miro a mi lado la protagonista del hecho y todos nos unimos a ese placer contagioso que nos regala la vida y ser partícipes. –

Continuará…