Siete de diciembre; estoy instalado en la sala de espera de la mutualista, aguardando el encendido de una lámpara azul o rosada. –
Aquel viaje por el mes de abril, junto a mi señora de ojos azules; me
viene el recuerdo de otros pasajes inolvidables. La vuelta ciclista finalizó
con el triunfo de un gran corredor del país y por equipos ganaron los
integrantes del grupo de mi país natal. Toda una fiesta del deporte al llegar a
la capital por diferentes calles y una multitud en ambas aceras, aplaudiendo a
los vigorosos atletas del pedal. -
Aquella semana, donde hubo el apagón sorpresa. La habitación del hotel
iluminada por una inmensa luna, el amor fluyó hasta el amanecer y ella fue testigo, de una vida nueva. –
Una luz rosada se
enciende en la parte superior de la puerta, que comunica al cuarto de parto. De
nuevo mi corazón, comienza a latir intensamente como un bailarín al compás de
un rocanrol. La misma doctora que trajo al mundo a mis otros dos hijos; me da
la buena noticia…”es una hermosa niña… “
Salgo a la sala de
espera, prendo un cigarrillo y doy gracias a la vida por tanto gozo. Socialmente
es una emoción, compartir tanta alegría con toda la familia. Estar en una
condición económica prospera; el regalo de dos hijos hermosos y la recompensa
de un tercero, llena mi corazón de ternura. -
Al cabo de unos
minutos, me hacen pasar a la habitación, donde se encuentra su madre. Un enorme
beso en la frente, agradeciéndole tremendo regalo y a su lado, una niñita
chiquita de piel rosada, una leve sonrisa sale de sus pequeños labios,
anunciando el deleite que reinará en nuestra casa. Nació la benjamina. Mis
otros dos hijos, irrumpen la sala con grandes saltos y exclamaciones de júbilo,
rodeando a su hermanita, acariciándola con estupenda ternura. -
La enfermera; nos indica,
el tiempo de presencia ha terminado, diciéndonos que la madre necesita descansar.
Allí, en medio de ese cuadro, lleno de emoción, quedan las dos, sumergidas en
su mundo maternal. Mi niña, mientras tanto busca entre los senos de la madre,
el valioso alimento que la naturaleza creó. –
Un hasta mañana y un
abanico de manos alzadas, nos despedimos hasta el día siguiente. –
Continuará…
