Llega la semana de abril, tan esperada por nosotros. Luego de unos años de trabajo y de muchas alegrías juntas; decidimos conocer este hermoso país. Comienza la vuelta ciclista que recorre todo el territorio y optamos por acompañarla, aunque sea en algunos tramos. Los dos niños, se quedan con los abuelos paternos en la casa de verano, disfrutando de las exquisiteces realizadas por su abuela, en base a comidas distintas y roscas especiales cubiertas de azúcar. -
Atardecer del sábado.
Auto pronto, dos maletas con indumentaria sport, nos dirigimos a la ruta.
Destino; el segmento costero, conocer sus aguas oceánicas y cristalinas. A
medida que avanzamos, divisamos una ciudad con edificios de enorme altura, arquitectura
muy moderna. Nos reciben con su encandilado reflejo de gigantes cristales. Ya
en el centro, visitamos el puerto con sus yates pertenecientes a países
vecinos. Ubicamos el coche cerca del embarcadero y en un banco de madera, de
los tantos que están a lo largo de la rambla portuaria, vemos un atardecer
único, un sol inmenso que se sumerge en las aguas, besando su frescura; como
los abrazos que recurrimos, mientras el rey del cosmos oculta su luz. -
Día nueve de abril; el
sol se levanta lentamente por el horizonte; seguimos nuestro viaje hacia el norte.
Una indicación, nos muestra un pueblo de pescadores, muy cerca de la ruta y
allí nos movemos. Un lugar paradisiaco, con sus casitas de madera, ofrecen
platos típicos de la zona y una enorme cantidad de pajares llenas de cortesías.
Almorzamos y volvimos de nuevo a la carretera. Esta vez, por un camino
secundario, atravesando el territorio hacia el corazón mismo. Cantidad de
palmeras emergen de un lado y otro del camino. Se observan diferentes especies
de aves, de colores bellísimos, escuchamos sus trinos. Un placer para la vista
y los oídos. -
Casi es noche,
entramos en otra ciudad; ésta, con un resplandor increíble. Ha llegado la
vuelta ciclista y sus acompañantes. La ciudad vive una fecha única, la gente
baila en las calles y en cada esquina, tanques cortados al medio humeando con
exquisitos productos del campo. -
Dejamos el coche en
una calle lateral, donde hay un lugar disponible, bajamos e iniciamos una
recorrida por el lugar. Hoteles totalmente colmados, no conseguimos
alojamiento. Cenamos en un bar muy cerca del lugar donde dejamos el coche. Reclinamos
los respaldos de los asientos, para formar una improvisada cama y pasar la noche.
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Nos despertamos con
el alba y el bullicio de los competidores. Prontos para recorrer otro tramo de
la vuelta. Desayunamos unas ricas tortas fritas y café con leche. Raudos para
continuar nuestra aventura. Tiramos el recorrido hacia la parte oeste. Cerca de
un enorme río que separa el país vecino del nuestro. Allí, aparcamos en el
estacionamiento del hotel, nuestros cuerpos necesitan un buen descanso. Tal fue
la tregua, que dormimos nueve horas. Me despierto, miro por la ventana y a pocas
calles, se parte de una feria, se escuchan canticos folclóricos. Nos mudamos de
atuendo. Calle abajo, un gran anfiteatro, nos deleita con diversos números
musicales y a su alrededor carpas con guías de colores, la gente se agolpa a la
espera de jarras decoradas con espumosa cerveza. La noche, se hizo madrugada entre
bebida y exquisitos platos de la exposición.
En plena madrugada,
nos dirigimos al hotel, abandonar suavemente nuestros cuerpos sobre suave colchón
e iniciar un nuevo día… hacia otro destino. –
Continuará…
