SER PAPÁ

 




 

Once horas del día once de junio de mil novecientos setenta y dos. La bolsa maternal, se ha roto. Con nerviosismo, un poco controlado; nos preparamos para el traslado, hacia el hospital. Bolso con todo lo necesario para la mamá y el nuevo ser. Pedimos un taxi y nos dirigimos al sanatorio filial de nuestra sociedad, ubicado en la arteria principal, de entrada y salida a la ciudad, rodeado por un gran parque. –

Allí, con la premura de la situación, los enfermeros, trasladan a la futura madre hacia el quinto piso. Sección maternidad. Una habitación con vista al parque, calma por un instante nuestro impresionable estado de valor, aunque las contracciones se hacen cada vez más intensas. Estudios, aprontes; me invitan a dejar el lugar y ubicarme en la sala de espera. Luego de unos minutos, una enfermera, me informa la situación…” hay que esperar, pues no está pronta para el parto”. -

Aprovecho estos momentos, mediante teléfono del propio hospital, para informar a sus padres y a los míos, de tan grata noticia. Las personas que arriban, es su madre en primer término y un poco más tarde, llega la mía. Las dos forjan mi relevo. Por lo tanto, aprovecho este momento para darle personalmente la noticia a mi padre. Un abrazo, selló el detalle tan esperado. –

Luego de almorzar, me vuelvo al sanatorio, para saber las novedades, que hasta ese entonces ha transcurrido. Su madre y la mía, comparten muy alegremente conversaciones animadas, tal vez, anécdotas de sus adolescencias. No recuerdo bien la hora, cuando otra enfermera anuncia el traslado de la futura mamá a la sala de parto. Pasan unas dos horas, hasta que la doctora que asiste el nacimiento, me dice…” es un hermoso varón…felicitaciones al papá y a la familia “. Mi corazón, comienza a brincar, tratando salir de mi cuerpo, como un potro desbocado, correteando por la pradera de un lado a otro sin saber a dónde ir. Abrazos con las madres presentes y lágrimas de inmensa felicidad corren por mis mejillas. -

Al cabo de unos minutos, otra enfermera, me llama y me indica que la acompañe a la sala de recién nacidos. Cual mi sorpresa, al encontrarme mediante ventanal aislante, una fila de pequeños carros, de bebés recién nacidos, cubiertos de una fina tela. En sus pequeñas manitos unas pulseras, algunas de color rosa y otros azules. La enfermera, va hacia un costado de la fila y me indica el lugar de mi hijo. -

 No puedo explicar cuanta emoción, en este instante, es un sueño; yo padre, es un verdadero milagro de la naturaleza; jamás consideré este instante de mi vida, es un hermoso niño; un ser pequeñito, nos va a mudar de aires nuestra vida, iluminando senderos de amor. –

Continuará…