UN ABRAZO MUY ESPERADO

 


Siendo el mediodía de finales de junio; tomamos el tren que nos lleva al lugar de origen, la ansiedad es total. Son las nueve de la noche y los silbatos del tren dan por concluido el recorrido en el andén de la ciudad cuando niño, recorrimos muchas veces con mi madre. -

Salto del tren y enfrente a mí, una persona elegante, alta con traje negro y una gorra con un hilo en su parte central, llamada borla, muy ingenioso, extiende los brazos; es mi padrino, nos estrechamos en un gran abrazo sin tiempo, nos miramos y de nuevo otro gran apretón cada vez más intenso. Mis padres mientras estaban en el vagón de equipaje, recibiendo todas las pertenencias traídas del otro lado del mundo. Se acercan y de nuevo se repite la escena con mi madre y mi padre. Este encuentro de tantos años de ausencia, se revierte en lágrimas de felicidad. Mi padrino, nos presenta a un vecino que lo acompaña, él tiene una camioneta, llamada rubia, de gran capacidad. Cargamos todo en ella; el señor, mi padrino y yo en la parte delantera y mis padres en la parte de atrás. -

Comienza el recorrido hacia mi querido pueblo, pasamos por la puerta de mi escuela, el salón de baile, donde mi madre a veces me traía a disfrutar de grandes orquestas, la iglesia donde tantos domingos y fiestas, fue el lugar de reflexión y esparcimiento. Llegamos a casa, otra emoción sublime, mi madrina y mi tío nos esperan. Que momento mas significativo, que vibración, veo a mi madrina un poco encorvada por su edad. Mi tío tan joven, pues la diferencia de edad entre los dos es de tres años. Entro y estoy como regresando al pasado, la casa sigue igual, la misma que he dejado hace quince años, eso sí, con luz eléctrica. –

Que noche tan emocionante, tan sublime, de tanta añoranza. Nos pusimos cómodos en nuestras habitaciones, la mía el lugar de siempre en el altillo, mis padres un dormitorio preparado para la ocasión, es decir el lugar donde se faenaba el cerdo, ahora se convirtió en un hermoso dormitorio, una ventana hacia la parte de atrás con vista a los montículos de paja. Para culminar la noche, sobre la misma mesa donde se guardaba la harina, un mantel bordado, nos espera con cuencos de sopa espesa oliendo a tocino, un buen pan de mollete y unos cantarillos de vino ribero. -

El momento es propicio para entregarle el regalo a mi padrino. Se lo presento en una caja y al abrirla se encuentra con el televisor, traído de la atractiva ciudad, llena de luces y de edificios deslumbrantes. Su alegría es inmensa y por primera vez veo sus ojos humedecidos, se levanta y otro abrazo aprieta mi cuerpo, llenando mi corazón de cordialidad y recogimiento. –

 

Continuará…