Hoy, sábado de junio. Nuestro hijo, cumple su primer añito. Todo el día, adornamos los rincones de la casa con globos y banderines de colores. Bebidas refrescantes. Sándwiches y masas de una confitería muy conocida de la ciudad. Una hermosa torta, con figura de un payaso muy risueño, es el centro de la mesa. -
Ya es de noche, comienzan
a llegar los invitados, los padres de mi consorte, mis padres, mis tíos, mi
primo, gente amiga. La fiesta, tiene su comienzo, con un gran aplauso, cuando su
madre, lo trae en brazos bajando la escalera. Sensiblemente, su cuerpito se
pasea de brazo en brazo con todos los allegados. Tiene un pie enyesado, debido
a una mala alineación, por lo cual está en tratamiento traumatológico. –
Le brillan los
ojitos, cuando la ve la torta, la quiere tocar, igual… un dedito travieso, pudo
más, a pesar de nuestra vigilancia. -
Llega el instante de
soplar la velita, apagamos las luces, prendo con el mechero la fina vela y
llega el canto más hermoso, que un niño puede escuchar…” que los cumplas
feliz…”. Él, con una sonrisa, emana de sus pulmones, un soplo suave, apagando
su primera velita. Los presentes aplauden todos a la vez, un aluvión de besos,
cubre su carita y un osito con tambor a cuerda, repiquetea al ritmo… su primer
regalo. –
Continuará…