Unos días atrás; visitando a mi hija mayor; observo su pancita bastante crecida. Está a unos días de tener un bebé; su primer hijo y mi primer nieto. –
Puedo pasar horas
enteras describiendo lo que significa para nosotros. Ella, sostiene en su
barriga un mundo nuevo, un mundo encantador. Ella, es la única capaz de
levantar los brazos y saludar a la existencia. Porque es vida misma. Su
maternidad, es una experiencia mágica; se entrega con una fuerza y amor profundo.
Siente crecer lo hermoso que lleva en su adentro. Su sensibilidad se muestra en
las cosas sencillas, en su valor. -
Es fascinante, contemplar
sus ojos brillantes; esa mirada reflejada en su rostro. Desde su llegada a este
mundo, siempre ha sido inspiradora de sueños, irradiando alas con pinceladas
suaves, formando imágenes de ensueños. -
Puedo continuar por
horas y horas describiendo su pasaje por nuestras vidas. Fueron momentos
magníficos, conocer una mujer luchadora, llena de encanto. Porque ella; es vida
y da vida. –
Siete de setiembre;
me comunica su esposo, la internación en el sanatorio; apremiante de alumbrar
al nuevo ser. Tomo un taxi y rápidamente me encuentro en sala de nacimiento. Me
recibe su emocionado padre, indicándome la cunita donde se halla. Mi emoción al
verlo, no puedo describirlo…no sé qué decir… solo lágrimas de emoción, brotan
de mis ojos…una criatura tan pequeña, que va a cambiar nuestras vidas con su presencia.
–
Me traslado a la
habitación de la mamá…ella, con enorme sonrisa…irradia felicidad incesante…le
beso la frente…la abrazo muy suavemente…y le digo...” gracias por tan hermoso regalo”. –
Ella, es la higuera;
fuerte y sensible, abrigando ilusiones y esperanzas. Me imagino en esas noches,
con sus pensamientos, mirando a través de la ventana, al cielo; solicitando un
deseo y perderse entre las formas de las estrellas, donde la más brillante ilumina
en sus brazos…la mejor ofrenda del mundo. -
Continuará…

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