En los senderos de mi vida; he participado de numerosos encuentros; algunos, en su mayoría muy placidos y otros, no tanto. Cuando era adolescente, me imaginaba un mundo ideal, traído de leyendas, con personajes encantados y lugares lindisimos; pero no lo pude suponer. –
Mi mundo soñado, era verdaderamente magnifico, maravilloso; donde todo
era armonía, belleza y paz. Donde las enfermedades no existían y el brillo era
permanente. -
Una vez; ese mundo ideal, sembrado de esperanzas; germinaba el amor y la
amistad. Una amistad, expandida por toda la creación, hasta ver crecer las
raíces con sus tallos y sus hojas con resistencia gratificante. El amor; esa
semilla brotando constantemente para el sostén y el abrigo en todas las horas.
En sus ramas, brotaban hermosos frutos que, adornaban el jardín de la dicha.
Ese mundo mágico, cual burbuja en el espacio infinito; excepto de virus; no existían
las pesadillas, solo el brillo continuo, con luz propia. -
Con el paso del tiempo, esa burbuja prolongada en sueños; concibió el
colapso de la incomprensión; agentes extraños se filtraron y muy lentamente se
fue desluciendo. Su contenido se fue deteriorando; sus frutos ya maduros,
rodaron por el jardín; no le alcanzó la lluvia para su riego o el agua fue mezquina.
La enorme presión en ese mundo ideal, avivó una gran explosión y las raíces erigidas
con tanto esmero, lanzaron ondas expansivas hacia un vacío de sombras, de angustia.
-
Cada fragmento marcó su destino; vagando por la inmensidad, en busca de
respuestas. Tanto era el desconcierto; que, solo quedaba buscar, un lugar para descansar.
-
Un adormecimiento prolongado en el tiempo. –
Continuará…

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