Siete de diciembre de mil novecientos noventa y cuatro; hoy es el cumpleaños de mi hija menor, cumple los tan ansiados quince años. Todo un gran acontecimiento, para las niñas que se van convirtiendo en mujercitas. -
Hemos decidido,
festejarlo en horas de la noche en los jardines de mi recepción. Arreglos de
mesas con centros de cerámica, logotipo con su nombre, una frase de feliz día y
la fecha. Los invitados están compuestos de amigos y compañeros de estudio;
alrededor de una treintena entre chicos y chicas. -
Son casi las diez de
la noche; los invitados están ubicados en las mesas correspondientes y en cinco
minutos, apagaré todas las luces, dejando solamente un foco de luz, dirigido a
la entrada del establecimiento. -
Diez…nueve…ocho…dos…uno…y
la música, da paso a los acordes más bellos y recibir a la chica más hermosa…
mi hija. Con vestimenta casual y con una enorme sonrisa, ojos brillantes;
comienza su paseo incorporándose a las mesas, saludando a los presentes. Al
final de la andada… me topa, dándome un gran beso y abrazo, diciéndome…”
gracias papá” …y se encienden las luces. El menú, consiste en una variedad de
pizzas y muchos sándwiches de nuestra especialidad. Un variado servicio de
refrescos, acompañan las exquisiteces. Todo ello, atendido por el personal; colaborador
con la fiesta. -
Siendo las doce de la
noche, nuevamente la interrupción de luces y desde el mostrador principal del bar;
una moza, trae en sus manos, una hermosa torta, con quince velas encendidas. Mientras
mi hija piensa en sus deseos; la música, adquiere un ritmo agitado, logrando un
baile espontáneo. -
Llena sus pulmones de
aire y con gran precisión apaga las velas; ¡unas copas de líquido espumoso …da
por concluida el hermoso encuentro…muy feliz cumpleaños!!!
Continuará…

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