ENERO 1957 : DE PASEO ( SEGUNDA PARTE )

 




En la mañana del domingo de Enero; mi padre, me despierta y me dice que vamos a dar un  paseo por la ciudad, en el mismo coche que nos había traído desde el puerto.-

Junto a mi madre, emprendimos el recorrido por las calles del barrio hasta llegar a una principal que nos lleva al centro. Nos dirigimos hacia  la avenida principal y a ambos lados, enormes edificios de estilos modernos y de diferentes arquitecturas. Sus aceras repletas  de gente, transitan muy distendidas observando los escaparates y los bares abiertos. En algunos tramos, la avenida se ensancha, dando travesía a magnas plazas y monumentos.-

Giramos al final de la senda para dirigirnos a un paseo marítimo (rambla) de gran longitud. A mi lado la enorme playa con su agua obscura pero serena, cantidad de bañistas disfrutan de la arena y el sol radiante. Luego de unos minutos circulando, aparcamos en un lugar muy concurrido, edificios muy modernos, con ventanales hermosísimos, coches alineados, marcan una fila en medio de la rambla y debajo de una edificación, un hermoso restaurante,   nos da la bienvenida, un monumental recinto de enorme brasero con  gran parrilla abarrota de diferentes carnes, chorizos, morcillas, unos arrollados extraños a los cuales le dicen "chinchulines" , espera a nutridas personas en sus mesas para que  ensalcen su sabor.-

Mientras almorzábamos, los comensales reunidos ; hablan de sus cosas, me causa gracia su acento, es como un salmo intermitente, lleno de realces muy divertidas; todos gozan de una alegría deleitable.-

Atardeciendo, nos refrescamos con helados, en un chiringuito sobre la arena de la inmensa playa. Me encanta el paseo, veo una ciudad muy elegante en  contraste al barrio donde estoy viviendo.-

 

Continuará…


24 DE DICIEMBRE : NOCHEBUENA

 




Los días, distan con desatinada parsimonia, me levanto a lavarme la cara en el habitáculo para luego desayunar con mi madre un café con leche y unas galletas malteadas traídas de un almacén ubicado a pocos metros de la casa. Mi padre se encuentra trabajando, es cobrador de una empresa de bus muy importante de la ciudad y vuelve casi siempre de noche. La tristeza se ha ido con el corre de los jornadas, pero mi tendencia, sigue estando en aquel pueblito que me vio nacer.-

Hoy, es nochebuena, mi padre no trabajó. En la parte trasera de la casa, empalmó un tejido de hierro de cuatro patas en un rincón del suelo. Caída la noche pone unos leños en forma de pirámide y prende fuego. Mientras tanto, mi madre, con su “primus”, está cocinando unas patatas; la mesa viste de blanco con espigas y flores rojas (estrella Federal) cuatro platos con borde dorado  con sus cubiertos correspondientes y cuatro copas para tomar sidra, una bandeja hecha con varas de mimbre, alberga  el pan en rodajas.-

Hoy gozamos de un invitado, muy amigo de mi padre, pasa la fiesta con nosotros, se encuentra solo; la familia continúa en su tierra natal.- Siendo las diez de la noche, mi padre, prende una luz llevada mediante un cable que se alimenta de un enchufe desde la cocina a la hoguera y sobre ese tejido tan particular, ubica unas tiras de carne con hueso, al cual llama “asado”, las humedece con sal para darle el sabor. Mientras sucede el desarrollo, se escucha un golpeteo de tambores desde la calle, corro hacia ella y unos veinte hombres vestidos con hábitos multicolores y sombreros de paja de gran tamaño, van dando ritmo, mientras unas bailarinas de color café, cubiertas de plumas, danzan al compás enardecido.-

Miro a mi alrededor y todas las casas atildan sus ventanas con luces de colores y algún que otro árbol plantado en los jardines están  cubiertos de cintas rojas y azules, lluvia de algodón salpican sus ramas, proporcionándole  una imagen navideña y encima de él, una enorme estrella iluminada.-

El asado esta pronto, mi madre me llama y todos juntos celebramos la nochebuena. Muy diferente a mí aldea;  como mucho calor, bebidas refrescantes y  vino en botellón.  A las doce, alzamos las copas en un brindis con sidra, obsequio del señor invitado. El cielo comienza a destellar con los fuegos de artificio, música de cascabeles y campanillas salen de las viviendas. Señoras, hombres y niños fusionan  en abrazos, registrando el instante mágico.-

 

 

Continuará…


EL MISMO DIA A LA NOCHE

 





Una mesada alargada con una pileta en el medio, donde prevalece un grifo metálico, servidor de agua para cocinar y lavar los utensilios. Un artefacto muy curioso (primus), compuesto por una base de bronce redonda y encima una parrilla ; mi padre desliza hacia afuera una especie de inflador e intenta bombear varias veces para luego abrir una perilla al otro lado del acompañamiento y con una cerilla prende la parte superior y así aflora la llama.-

Ubica una sartén encima del primus, le agrega un poco de aceite, introduce unos trozo de carne roja, el aroma se siente delicioso.  Una mesa rectangular de madera y cuatro sillas, con tres platos y cubiertos, dos copas de vino, un vaso de una bebida oscura a la cual llaman “cola”, una ensalada de lechuga, tomate, cebolla, preparada por mi madre.  A continuación, mi padre, indica que tomemos asiento, ubica en cada plato un trozo de carne frita y comenzamos a paladear una comida distinta, con aroma diferente.-

Culminada la cena, mis padres van para el cuarto contiguo, yo me dirijo hacia el bastidor, comienzo a desvestirme, dejo la ropa arriba de una silla; me pongo el pijama, que trajo mi madre, un colchón en el suelo… haciendo de dormitorio, dejé apoyar mi cuerpo sobre él, no concilio el sueño, miro el techo de lata por un extenso lapso de tiempo. Por mis mejillas comienzan a transitar hilos de lágrimas… estoy triste; no es lo que me he imaginado. El mundo del cual me había hablado mi padrino, era más moderno, como en las postales, ciudades con edificios muy altos e iluminados. Pensamientos de mi niñez, tocan a mi quimera…mi belleza, mis padrinos, mis amigos, los montes, los valles, el rio….estoy triste y mi interior me dice “quiero volver…quiero volver…”

 

Continuará…


15 DE DICIEMBRE DE 1956

 



Luego del encuentro con mi padre, nos dirigimos, mediante un auto muy antiguo, en préstamo que un amigo le ofreció, a un lugar muy lejos del centro de la ciudad, en un momento cruzamos por un gran edificio de ladrillo, una especie de catedral con una cúpula central y cuatro grandes torres adornan la nave central, con enormes ventanales de colores.-

Mis ojos, no dan abasto para registrar en imágenes todo aquello tan distinto y tan deslumbrante. Minutos más tarde, arribamos a un lugar de pequeñas casas, algunas de madera y techos de lata y otras elegantes de ladrillo y jardines. Cada una de ellas separadas por terrenos abandonados. El auto, al cual le decían  “cachila “, se detuvo junto a un  largo corredor de tierra, rodeado de grandes arbustos, llamados “transparentes”.-

 Bajamos el equipaje y los tres, mi padre delante, recorremos el sendero de aproximadamente quince metros, hasta llegar a la puerta de una pequeña casa de madera  y techo de lata.  Entramos y a mi derecha, un cuarto grande con una ventana pequeña, seguido, un espacio grande, donde está una mesada y un biombo  que separa, supuestamente un lugar para dormir.-

 Prolongamos y se asoma un estrecho y pequeño terreno a cielo abierto, cercado de un alambrado entrelazado a la altura de una persona; allí mismo un pequeño habitáculo de ladrillo y suelo de cemento; incluía una taza  blanca de forma ovalada empotrada en el suelo, un caño exterior terminado en una roseta y una pileta de cuatro patas con una saliente en ranuras, a la izquierda de la misma una hendidura, tal vez para apoyar una barra de jabón.-

 

Continuará…


EL AMARRE

 



Fuertes silbatos y continuos, me despiertan, veo a mi madre que estaba muy elegante vestida. Las demás personas del camarote y el niño, ausentes. Me visto rápidamente, un traje de pantalón corto, chaqueta y camisa en entonación; sin pensarlo dos veces, me dirijo a cubierta. Allá un enorme puerto nos espera, una entrada al sur de América, es el canal consignado. Escoltado por dos buques pequeños, remolcan hacia el muelle, al majestuoso transatlántico para el amarre. Me doy vuelta y en lo alto, un formidable cerro, deja ver  un faro, dándonos la bienvenida.-

La gente se va acopiando sobre la baranda que avista al muelle; de nuevo los pañuelos se agitan, pero esta vez con más regocijo, la gran multitud que nos espera, los menean  en forma continua.-

 Una rápida mirada trata de  identificar a mi padre, pero en vano, no lo logro. Mi madre se acerca, me acaricia y me dice… “ ves, aquel señor de traje negro, con un enorme bigote que está al lado de la grúa?”…Si, dije yo…”pues bien… es tu padre”…creyó verme, pues estaba moviendo el hermoso coche que me han regalado…entonces pega un salto y ahora sí, saluda con entusiasmo.-

Es hora de bajar, mi madre, me toma de la mano y juntos regentamos la escalera que nos transporta al muelle… al suelo de un nuevo país. Un gran abrazo nos envuelve a los tres y nos dejamos revolotear  por los sentimientos…

Continuará…


EL APRONTE

 



Los días en alta mar son maravillosos. Mañana tocamos puerto, pasajeros que desembarcan, como nosotros; lentamente, van armando el equipaje. En mi camarote, las amigas de mi madre y el niño que acompaña, están en un estado exaltado, el ansia de llegar y conocer a sus familiares.-

Mi madre un poco más tranquila, comienza a empaquetar sus pertenencias y las mías acomodándolas con ese amor que siempre ha demostrado. En un fardel de papel, guardo con gran afecto el presente del capitán y también una campanita, que a veces la usé para recorrer los pasillos y recordar en cada nivel, el turno para el almuerzo.-

Doy un último paseo por las instalaciones del inmenso buque, me despido del capitán y sus colaboradores, les doy un gran abrazo y al capitán un eterno agradecimiento por sentirme tan importante durante la travesía.-

Son las diez de la noche, hora de dormir,” el descanso es fundamental”, dice  mi madre, puesto que en horas de la mañana tocaremos puerto. Me llevo en mi mente, las alegrías de todos estos años, me siento feliz; solo siento una interrogante por la nueva tierra que me espera y ver a mi padre luego de seis años de ausencia.-

 

 

Continuará…






EL REGALO

 





El barco continua su travesía a través del gran océano, hoy cumplo  nueve años, de pronto unos golpes suaves pero continuos suenan en nuestro camarote, la puerta se abre y un nuevo marinero, se disculpa por la hora; dirigiéndose a mí, me dice: “el capitán quiere verlo tan pronto pueda en la sala de mando “…acto seguido, miro a mi madre y ella me da el consentimiento para el encuentro.-

Con muchos nervios, subo rápidamente las escaleras de nivel en nivel, llego al puente de mando y allí está el capitán esperándome, en sus manos, una caja en papel brilloso envuelta  con una cinta azul, blanca y roja… “muy feliz cumpleaños”, en un español apenas entendible; “además… continua…esta noche, eres el invitado de honor junto a tu madre, a compartir  la cena en mi mesa “.-

Mi corazón, está a punto de salir del pecho…abro la caja muy despacio y me encuentro un coche bellísimo hecho con un material resistente de color plateado, a cuerda, de un tamaño increíble…una emoción constante… un gran aplauso de la tripulación que allí estaba, dejó caer de mis ojos unas cuantas lágrimas de emoción. Corro hacia la cubierta y puse a andar el coche, le doy toda la cuerda posible, lo dejé en  el suelo y arranca tal meteorito, topándose  con todos las butacas que están en su camino.-

Al acostarme esa noche, no concerté el sueño, ceñido a mi sorpresivo obsequio, pienso en todos mis años anteriores, en esos prados verdes, en el canto de los pájaros con sus nidos, alojando nuevas vidas; en los árboles de intensos frutos, en mi belleza adorada, en los amigos, en las agraciadas rías con sus pescadores en rastreo del producto ansiado  que nos brinda sus calados.-

 

Continuará…


LA TRAVESIA

 





Estamos en el tercer nivel, clase económica, me he levantado temprano y con el permiso de madre, comienzo a recorrer el barco, las cotas, muestran diferentes clases sociales, desde un nivel inferior con camarotes modestos, hasta los superiores con detalles de opulencia. En todos ellos, viajan pasajeros de diferentes nacionalidades.-

De tanto ir para allí y para allá, un marinero, me dice “ te gusta visitar el puente de comando y así te presento al capitán?”…”me encanta…dije”…oh, que majestuosidad, el capitán me da la bienvenida, pone su gorra en mi cabeza y me ofrece tomar el timón, mi corazón descarga mucha agitación. El  mismo marinero, me traslada a lo más profundo del barco, la sala de máquinas, un mundo de gigantes pistones y hornos de llamas ardientes, estoy viendo el gran motor que hace mover semejante navío.-

La travesía, a través de los días se realiza con  normalidad hasta llegar al ecuador geográfico, esta línea imaginaria; lo sé por mi maestra, me dijo varias veces su significado. El barco se  vistió con sus mejores galas, serpentinas de banderas en  miniatura, adornan desde los mástiles hasta las barandas, luces de guirnaldas engalanan la otra mitad; los pasillos de  todos los niveles, se aprecian  globos colgados en cada camarote, los tres comedores con sus respectivas mesas circulares, están adornadas en sus centros con flores y velas encendidas; la música comenzó a oírse por todos  los parlantes, mazurcas, tarantelas, jotas, valses y danzas de diferentes orígenes.-

Al mediodía, los marineros arman una gran piscina con una lona impermeable, la llenan bombeando agua del mar y el juego consiste en bautizar la pasada del ecuador, es un desmán, tomar a una persona que esté caminando por cubierta y zambullirla, por supuesto que en el fondo de la misma, están unos marineros buzos para ayudar a aquellos que no saben nadar. La fiesta es increíble, la gente corre sin cesar para que no los atrapen, unos gritan, otros ríen sin cesar, pero todos disfrutando del pasaje imaginario.-

 

Continuará…


EL BARCO

 





Unos cuantos silbatos, ponen en movimiento semejante mole, toda la gente en la baranda, agita pañuelos para el adiós a sus familiares que vinieron a despedirse. Miro como muchos se abrazan y lloran desconsolados, unos llevándose maletas de esperanza y los que quedan, la angustia de interrogantes.-

Nos dirigimos a nuestro camarote, compartido con las amigas de mi madre y el hijo de una de ellas. La primera noche lo pasé fatal, el oleaje, estar por primera vez en un transporte desconocido, el dolor estomacal es tan fuerte, que la nauseas están casi prontas para acelerar el cometido.-

Ya pasaron dos días, estoy bastante mejor, mientas las mujeres hablan entre ellas; el niño que me acompaña y yo, partimos hacia la  cubierta, en la punta de la proa; el perfil es asombroso, vemos surcar la enorme nave abriendo las aguas y la brisa del viento en la cara, el aroma a mar intenso, llena nuestros pulmones, abriendo el apetito, pues… es casi mediodía.-

 

Continuará…


EL EMBARQUE

 





Una fría mañana de fines de noviembre, llegamos al puerto; el barco tiene la hora de partida a las siete de la tarde. Nos dirigimos a un hotel muy cerca de la dársena a encontrarnos con unas amigas de mi madre que también se dirigen al mismo país de América, con ellas estaba un niño de mi edad.-

Luego de almorzar, despachamos el equipaje en la empresa del buque, para estar más libres y poder recorrer la ciudad, por cierto muy curiosa; todas las callejuelas empedradas son diagonales y en diferentes pendientes, murallas que tonifican el ingreso de los barcos a  la bahía. Acto seguido, todos juntos, disfrutamos de un caliente chocolate en tazas grandes con azucarados churros.-

Es la hora del embarque, caminamos un poco; una larga fila de personas, espera turno para llevarnos a ese diferente mundo tan manifiesto en las palabras de mi padrino. Elevo la vista  y allí en  el borde de la proa con enormes letras blancas, el nombre del barco.-

                                                                                                                                                         Continuará…

LA DESPEDIDA

 




Son días de mucho revuelo, mi madre que va y vine a la ciudad, comienzan los preparativos para dejar la aldea.-

Este día, La casa se viste diferente, hay un sabor amargo en su entorno, caras tristes que disimulan para no ser testigos de la despedida.-

El almuerzo, una excusa, para que el adiós no sea tan dramático. Están en la mesa, mi padrino, mi abuela, mis dos tíos, uno había llegado hace dos días del servicio militar; mi madre y yo. Comimos casi en silencio, un buen cocido con sus tazas de vino tinto, acompañado de hormas de pan redondos recién horneados. Un golpe en puerta, anuncia la llegada de nuestro vecino para despedirse, hombre muy jovial,  hizo de la sobremesa una señal divertida.-

Con abrazos, llantos y alguna sonrisa, nos despedimos, mientras en la senda que aparta nuestra casa de las demás; el auto del cura de la parroquia, conducido por su sacristán, nos espera para llevarnos a la estación del ferrocarril. Viene con nosotros, mi padrino, las dos maletas y un pequeño baúl con unas pocas pertenencias, ellas  son llevadas a la cajuela del coche. En la estación, nos estrechamos en un gran abrazo, mi madre con su padre y yo con la persona más importante de mi vida.-

Subimos uno, dos, tres escalones y nos sentamos del lado de la ventanilla; el tren, al segundo silbato se puso en marcha hacia el puerto, viajamos toda la noche, allí  nos espera el barco para llevarnos al otro lado del océano.-

 Desde la ventanilla, alzo mi brazo y con la mano en movimiento de abanico, mis ojos nublados y una lágrima que se  desprende de mi mejilla digo: “adiós”.-

 Abrazado de mi madre, trato, mientras el tren sigue su curso, recordar los bellos momentos que he pasado en mi pueblo.-

Continuará…

 


EL FESTEJO

 





El mes de Agosto, da inicio a grandes festejos; toda la región se beneficia con actos procedentes de nuestros ancestros, convirtiéndose en viñetas de cada pueblo.-

Mi casa, primer semana de festejo, emprende con el aroma a roscas abrillantadas de yema y anís penetrando en todos los recintos…también las ollas expelen cocidos de cerdo y gallinas con todas las hortalizas traídas de la huerta…buen vino en barriles, llegan desde otros pueblos y el pan de trigo amasado se cuece en horno de piedra, dando así,  por cerrado el protocolo deseado.-

Llega el domingo, el resto de la familia está llegando; una enorme mesa de mantel  blanco, es el centro del eirá, cercana al hórreo. Adornada con espigas y frutos, cubiertos y platos de ocasión, está pronta para que todos tomen asiento.-

Hoy, el plato de entrada; es una rica sopa de fideos y huevo duro, hecha por mi abuela; el segundo plato nos penetra en el acostumbrado cocido, cortejado con vino de barril tan espléndido y por último un exquisito roscón de fiesta cubierto por una brillante jalea.-

A la nochecita, nuestro vecino; padre de mi belleza, nos traslada en su camioneta hacia un lugar no muy lejos de aquí y disfrutar de una noche mágica.-

Cerca de la ría, se encuentra un pueblo muy antiguo, de considerable fama, visitado por mucha gente, según dice mi padrino, es un lugar donde se mezcla la alegría y el buen comer.

Bajamos de la camioneta y trajinamos hacia la embocadura, descubrimos una enorme flota de barcas con candiles encendidos marchando una tras otra, rumbo al estuario, un espectáculo sorprendente… de rápido mirar, en la otra orilla, un enorme globo se eleva al cielo con una luz tan potente que puede verse a mucha distancia…una noche reluciente.-

A continuación, nos mandamos a una taberna, estaba a diez escalones bajo tierra, toda revestida de piedra y  allá en un rincón, un mostrador abarrotado de bocadillos de tortilla, tazas de buen vino, diferentes trozos de rosca con gustos increíbles.  Con mi grata compañía, tomados de la mano, bebemos un poco de sidra de manzana bien fría y degustamos unos pinchos intensamente deliciosos.-

 

Continuará…


EL PASAPORTE

 




Ya estamos a mediados de año 1956, los calores del mes de Junio, anuncian el inicio de festividades de cada pueblo. Atrás, quedó la aprobación y el apoyo que le hice a mi madre, para unirnos con mi padre al sur de América. En estos días, mi madre frecuenta mucho la capital, realizando trámites para obtener el pasaporte y estar en condiciones de viajar.-

Hoy es domingo, mi madre, me muestra el billete de embarque, viajaríamos en  un gran barco, también enseña una libreta donde están nuestras fotos juntos, pues al ser menor, debo viajar en el mismo pasaporte.-

En ese momento, llega mi  amigo que vive  a dos casas de la nuestra; salimos a recorrer los montes cercanos; mientras intercambiamos anécdotas, le cuento mi viaje a  ese país tan lejano; él, queda embelesado por el relato. En ese instante vemos una liebre que corre sin cesar esquivando los feítos, andamos para alcanzarla y un señor con una escopeta enorme, trata de dispararle y así obtener una pieza más en su chimenea de adorno.-

Llegamos a un lugar tan alto que podemos ver todo el pueblo con sus casitas blancas, los techos de tejas marrones y un  gran molino al lado del afluente para desgranar el maíz o el trigo de cada cosecha. Quiero llevar esta imagen antes de partir, con mi amigo, hicimos el juramento que en un tiempo no muy lejano volveremos a encontrarnos… regresar a este lugar y expresar en una gran abrazo, el hermoso caudal donde hemos crecido.-

 

Continuará…


EL AVISO

 




Son las cinco de la tarde cuando salgo por la puerta de la escuela, me encamino por la carretera rumbo a casa, sin  antes hacer una parada en la iglesia del pueblo, bonita pero pequeña, su puerta siempre abierta a todo aquel que quiere acercarse, para una meditación, petición o una simple oración por los seres queridos que están ausentes. Me hice la señal de la cruz y comencé el regreso.-

Al llegar, siento a mi padrino y a mi madre que están hablando de un  asunto que no puedo entender por estar avanzada la conversación; interrumpo, gesticulando mi llegada, ellos se dan vuelta, mi madre con alguna lágrima en los ojos y mi padrino con el semblante de siempre; su cara, rara vez se manifiesta, de firme expresión, pero su corazón es tan grande, que deja una sensación de tranquilidad en el rostro.-

En horas de la noche, subiendo a mi habitación, mi madre me llama del cuarto contiguo, me dice: tengo una noticia para darte!!!

“Hoy en la mañana, el cartero trajo correspondencia de tu padre, donde nos dice que tenemos que sacar documentación para irnos a América y estar a su lado…el padrino, no quedó contento con la noticia, pero acató la decisión que nosotros debemos tomar…lo hablo contigo, porque, es nuestro destino estar al lado de tu padre…él, nos reclama para conocer un nuevo mundo, progresar en un país que nos ofrece trabajo, una vida digna…no sé tú, lo que piensas…me gustaría que me lo dijeras , tómate tu tiempo”.-

En ese instante, no conseguí manifestarme, es algo nuevo para mí, por qué, tenemos que emigrar, aquí me siento muy bien, soy feliz…pero mi madre extraña mucho a mi padre y no quiero ser injusto para contradecirla.-

 

Continuará…


LA FERIA

 




Comenzó a correrse la voz en el pueblo, mañana, no muy lejos de aquí, en un extenso terreno de la propia alcaldía, va a realizarse una gran feria de comidas, atracciones, bailes típicos de la zona y sorpresas anunciada por briosos altavoces.-

Mi madre, la abuela y mi tío preparamos fardos con algunas prendas de abrigo, la idea es quedarnos todo el día, la noche y el día siguiente.-

  Un pequeño autobús, nos traslada junto con otros vecinos, adhiriéndose  a la aventura.-

Llegamos al lugar, es enorme, quedé  maravillado; una rueda imponente girando sin cesar, algunos niños en sus sillas, gritan de emoción, otros de nervios; cantidad de carpas de color blanco, rodeaban el entorno, con diferentes juegos, donde se puede ganar desde un muñeco de trapo, una lata de sardinas, hasta brillantes sartenes de cobre. –

A un costado del ruedo, unas diez tiendas, preparando comidas; churros, sardinas al fuego de carbón, pulpo en trozos con aceite de oliva y pimentón, cocido de cerdo con verduras y patatas, diferentes estilos de pan, pasando por unos pequeños para bocadillos hasta enormes hormas de broa; una delicia para el olfato impregnándose en el aire.-

Lentamente, llega la noche, el predio se ilumina con miles de lamparillas, dando paso a la alegría de bailes regionales, el sentir de las gaitas, el redoble de panderetas y tambores. La gente mayor con sus botas de vino, saltan y brindan, dejando verte un hilo líquido del mejor vino hasta sus gargantas.-

Amanece suavemente, mi tío y yo, salimos a caminar por la feria y observarla más de cerca, compramos dos mimbres de rosquillas de anís, fuimos a ver los juegos; con pelotas de trapo, acertamos en dos latas, ganamos dos candiles y una campana de bronce para ahuyentar a los gorriones en los labradíos de mi padrino.-

En horas de la tarde, el chofer del autobús, llama para iniciar el regreso a casa.  Me llevo la agitación de a haber visitado un lugar único  y las hermosas remembranzas de participar con mi familia.-

 

Continuará…


LA FOTO

 




Luego de varias semanas; los señores, donde trabaja mi madre, le cedieron un descanso de tres días; aprovechando esos momentos, hoy, nos tomamos el bus que pasa sobre las siete de la mañana por la carretera principal. Muy elegantes, mi madre con vestido negro y zapatos de charol, con un hermoso collar de perlas ajustado a su escote, realza su belleza de su cara blanca y el alto permanente de su pelo; yo, con traje blanco y camisa abotonada hasta el cuello, con zapatos marrones, me sentía importante.-

Rápidamente  subimos al bus, nos colocamos del lado de la ventanilla, lo más cercana  a la puerta de acceso; es la primera vez que subo a este vehículo rumbo a la ciudad. El  motivo, sacarnos una foto, para enviarle a mi padre en América, pues hace mucho tiempo, desde su partida, no tenía nuestra imagen; han pasado cinco años.-

Durante el trayecto, mis ojos no dan abasto para ver tanta preciosidad de paisaje, pueblos de pequeñas casas que van quedando atrás por la velocidad del bus, puentes y rías dibujan mapas de colores, hasta llegar a la terminal.-

Comenzamos a caminar por el paseo marítimo, de un lado, la gran avenida, respaldada por edificios de grandes ventanales y al otro lado, el inmenso puerto, albergando conjunto de barcos pesqueros, lanchas  y cargueros de gran calado. En el medio de la avenida una gran torre cilíndrica de piedra gris, sostiene en su pico un gran reloj de cuatro caras,  las agujas marcan las diez de la mañana. Un señor vestido de blanco, ordena el movimiento de los vehículos, dejando pasar de vez en cuando a los pocos transeúntes que a esa hora circulan. Cruzamos con mi madre hacia una callecita estrecha y a pocos metros, entramos a una chocolatería y degustar unos ricos churros.-

Ya es mediodía, hora de descubrir  la casa del fotógrafo; subimos por una escalera en forma de caracol, con escalones y baranda de mármol hasta llegar al segundo piso. Allí, un señor nos dijo “adelante…tomen asiento, por favor “…

 

Continuará…


EL REFERENTE

 





Ya comienza el año 1956, año de muchas novedades, año que marca en mi vida, momentos célebres, titubeos, consejos, relatos de acontecimientos, que llevo escondidos en mi corazón y en mi memoria.-

Lo llaman el “PATRON”, un ser de un carisma muy especial, de presencia firme y de mirada penetrante, su voz grave convoca a tomar decisiones; es mi padrino; el referente de mis primeros pasos, me enseña la importancia del labradío, sus cosechas, a ver la tierra  como emblema preciado, me enseña a recoger sus frutos, a recorrer los prados verdes, donde el ganado satisface las ansias del pastoreo, las praderas coloridas y silvestres amaneciendo en cada primavera; me enseña a mirar el cielo con su infinito color azul;  escuchar el canto de los pájaros, la arquitectura de sus nidos, a observar sus vuelos pintorescos, desplegando la libertad en sus alas. Me enseña, que la fuente de la vida, es el trabajo, hecho con ahínco, amor y conocimiento.-

 Me enseña a tener sueños, me dice que hay un mundo cruzando el océano, con muchos secretos, que tiende sus brazos, para recibir a todos los que buscan una ilusión…un nuevo amanecer…

 

Continuará…


LA BELLEZA

 




El mismo año, precipitando hacia el otoño, los colores del medio ambiente van tomando su perfil con nuevas duraciones. Los prados cambian, quedando listos para el pastoreo; las fincas prontas para el regadío zigzagueante; los manzanos comienzan a dar su flor; los perales brincan sus frutos verdosos a un amarillento apetitoso; los cerezos se visten de rojo; la madreselvas a lo largo de los caminos, van dejando traslucir sus moras encarnadas y violáceas; el amarillo de los toxos adornan el paisaje; las sestas que se inclinan de un lado a otro, formando arcos de extensa espesura. -

A todo ello, como la naturaleza misma, descubro el amor; ella hermosa, como una rosa bañada por el rocío, más bella que el cantar de los jilgueros. Nuestras miradas se traspasan, somos dos niños en busca de un encuentro celestial; nos tomamos de la mano y comenzamos a correr por esos prados de hierba fresca, buscando un lugar para darnos un beso angelical; en ese roce, nos pertenecimos, como el sol pertenece al ecosistema, facilitándole  vida y calor. Poco a poco nos fuimos desnivelando, nos dejamos caer en el verde pasto; unidos en un gran abrazo, emprendimos el giro por la  pendiente hasta llegar a lo más sublime de la felicidad.-

 Un acto de amor tan formidable, como el nacimiento del alba.-

 

Continuará…


EL RELATO

 




Los días continuaron en mi aldea, ya cerca de los ocho años, tengo mi faena marcada por mi padrino. Hoy llevo las dos vacas al prado para alimentarlas con la fresca hierba que bordea al  rio; mientras tanto, recorro la tierra arada, pronta para dispersar semillas de trigo, cebada; numerosos surcos para el plantío de las patatas, lechugas, berzas, repollos; todo ello y de forma intercalada árboles frutales de distinta especie, adornando el inmenso labradío.-

Oyeee!!!...grita mi padrino; donde está la otra vaca?...miro hacia tras y la  vaca parda, no moraba…corro hacia la orilla del rio y allí estaba tomando grandes sorbos de agua fresca…aquí, padrino…aquí…!!!

Con la ayuda de él, llevamos las dos criaturas con sus respectivos arneses, hacia la corte, para poder descansar y al día siguiente ordeñarlas en unos cubos de aluminio, dejando caer esa leche fresca, espesa y rica.-

Pero eso no fue todo, recojo uno huevos del gallinero para mi abuela y acto seguido, me sirvo un tazón de leche recién ordeñada con un pedazo de pan de broa y me marcho para el colegio…es tarde y comienzo a correr, pretendiendo que el guardiacivil me lleva en su bicicleta, pero esta vez no tuve la estrella e inicié la travesía lo más rápido posible…

 

Continuará…


LA ESCUELA

 





“Con 7 años, comienzo la escuela. Mi padrino, habló con la maestra de una casa rural a unos tres kilómetros de mi morada”.-

Hoy, comienzo de la primavera del año 1954, me visto con el mejor pantalón corto, dejo los zuecos y me calzo unos hermosos zapatos de color negro con medias grises, en la parte de arriba un suéter de lana y una boina. Un saco en forma de portafolio conteniendo una pizarra con moldura de madera. Un beso a mi abuela y otro a mi padrino; mi madre estaba ausente, pues hace tiempo, está  trabajando de servidora en una mansión de señores, cerca de la ciudad.-

Camino por el sendero que lleva a la carretera principal y ahí comencé a marchar. La suerte está de mi lado; unos timbres, me hacen dar vuelta, es el guardiacivil del ayuntamiento, me sube a su bicicleta llevándome hasta la puerta del establecimiento. Allí me recibe la maestra, una señora mayor, un pañuelo cubre su cabeza para sujetar el largo pelo; me dio un abrazo y me dijo…” bienvenido, aquí tienes tu segunda casa y una ventana para ver el mundo, con vocablo diferente…”

 

Continuará…


LA HIGUERA

 



Luego de estar unas semanas en reposo por la herida recibida en tiempos de malla y entrando en el mes de abril del año 1954, con la primavera, comienzo a explorar los alrededores de las tierras perteneciente a la familia.-

Hoy es un día de contacto con la naturaleza misma, corriendo por los surcos ya preparados para la nueva siembra, llego a una arboleda llena de castaños, cerezos e higueras. Siento un cantar de jilguero en la copa del castaño, me subo “soy buen trepador” y encuentro un hermoso nido con cuatro huevitos chiquitos, llega la mamá y muy atenta a lo que hago, observa todos mi movimientos. Despacito, bajo para no molestarla y me subo a la higuera, tengo hambre y deliciosas brevas de color morado, tentaban mi paladar, arranco una, en su interior semillas rojizas, al introducirlo en mi boca, un líquido casi celestial baja por mi barbilla.-

Cuenta mi padrino que todo aquel ser, que descansa debajo de una higuera existe un desafío para los valientes, la leyenda cuenta de que si se sube a la higuera en noche de San Juan y soporta gritos y aullidos sin temores, se puede arrancar una flor de la higuera y colocarla en el pecho. Quien se animaba a esto, al día siguiente la fortuna le sonreirá.-

No contento con ello, me dirijo al árbol de cerezos, hermosos frutos rojos de un gusto mágico, delicioso, único.-

De regreso a casa, al lado del camino, encuentro un huequito rodeado de musgo entre dos piedras, un nido de “carrizo” y él estaba allí, tan pequeño como una nuez, me mira, como diciéndome, “hola, soy muy chiquito, espero verte cuanto pases por aquí”….

 

Continuará…


LA MALLADORA

 



El momento más  esperado, es cuando se realizan las recolecciones de trigo; cada pueblo, con ayuda de sus vecinos, se reúne para ayudar en la faena de cosecha, segar, separar el grano de la paja.-

Todas las vecindades cercanas, consiguen un  espacio,  para dedicarse a trillar el trigo, el centeno, la cebada para elaborar el pan y así tener comida para todo el año.-

Hoy, nos toca a nosotros, estoy muy contento, es un día de fiesta, hombres y mujeres se preparan para dar comienzo a la malla. Una enorme máquina, que va de pueblo en pueblo, tomó vida mediante un rugido ensordecedor, un tambor gira en su interior sin cesar, a una velocidad increíble.-

 Un hombre se sube, escalera mediante, a lo alto de la máquina, unos fardos le llegan a sus manos, los introduce, previamente desatados  en el tambor, el trigo sale por la parte de abajo y la paja por la parte de atrás.-

La voz de mi padrino, se hizo sentir y el artefacto dejó de hacer ruido. “Un descanso...” se sintió en la inmensa “eirá”, la mujeres entre ellas mi madre y mi abuela, reparten agua fresca y algún bocadillo a todos los que  asistieron a la faena.-

Algo está pasando, porque la”malladora “no arranca, el señor, su dueño; tomó una llave francesa y ajustó algunas tuercas en el tambor; le dio arranque y funcionó de nuevo…yo estaba lejos de todo acontecimiento y de repente siento que todos los vecinos dan vuelta para mirarme, exclamando “madre mía, pobre niño”…en eso miro con el rabillo del ojo hacia mis pies y un tremendo sangrado emana en uno de mis tobillos, una parte de carne queda abierta,  dejando ver profunda herida. Al minuto me doy cuenta que estoy en una situación compleja…la llave que el señor utilizó para restaurar  la”malladora”, salió despedida por el tambor incrustándose en mi pierna izquierda. Rápidamente, dos hombres me suben a un carro con mulas muy rápidamente al veterinario, cerca de la iglesia…a partir de ese instante, pierdo el conocimiento…

Continuará…


EL RÍO

 




Los días eran muy comunes; hoy, mediados del año 1953, voy de paseo con mi abuelo a recorrer los lugares afines a su pertenencia. Caminamos por un sendero que apenas entraba el  carro con dos vacas, me ubico en la parte de atrás y mi padrino lleva las riendas delanteras. Todo es fascinante, a  los costados, ataviando el pasaje, matorrales de frutas silvestres como la moras en sus colores negro y rojo; plantas de flores amarillas llamadas “toxos”, adornan el camino.-

Me dijo: “en aquel prado, apastan las vacas y un día, tú cuidaras de ellas, para irte acostumbrando a la labranza y a los olores de la tierra húmeda y fértil que nos da el alimento tan necesario para alimentarnos todo el año”.-

Llegamos a la tierra sembrada de maíz y trigo; me muestra cuatro figuras ubicadas en el metraje de la siembra, enormes espantapájaros, adornados con latas para que el roce del viento las haga sonar espantando a los mirlos y otras especies de aves, para que coman las semillas.-

Luego, dejamos que las vacas saciaran su sed a la orilla del río y logramos llegar a su desembocadura, tan cristalino como ruidoso, su golpeteo constante en las piedras pulidas por el tiempo, es una interminable melodía refrescante. El calor de la tarde, invitó a darme un baño, bajo la atenta mirada de padrino, me sumerjo en su rocoso cauce y siento la frescura del agua pura, que con mucha fuerza acaricia mi cuerpo de encantados frotes.-

La noche se hace presente y emprendemos el regreso a casa, al llegar, mi abuela tiene la cena pronta y esta vez, me encuentro con la sorpresa; mi comida preferida: unas ricas patatas fritas con huevos y una rodaja de pan de maíz con pimientos.-

 

Continuará…


LA CURIOSIDAD

 


Con mis cuatro añitos, los días y las noches transcurren con una cierta textura armónica; los cambios de estación son testigos de celebraciones por los santos nombres, por las siembras del maíz y el trigo, por las cosechas de lo sembrado y las fiestas que cada año, vestían mi casa de ramos de olivo y olores panificados y platillos de carne en salsa de tomate y patatas. Era mi momento más feliz.-

Tengo una percepción; dudas sobre situaciones y desencuentros. Mediados del año 1952, había unos días que mi padre no asistía visitarme. Me imaginaba tantas cosas…que era un señor muy ocupado…que tal vez trabajaba en un lugar muy lejano…pero mis dudas permanecían en mi ilusión…hasta que, convoqué a mi madre para que me explicara “por qué mi padre abandona por largo tiempo nuestro hogar”.-

Ella me alzó en su  regazo y empezó a explicarme, cuál era el motivo de su ausencia.-

“Tu padre, nos visita cuando su tiempo lo permite, puesto que trabaja lejos de aquí, en un barco mediamente pequeño, trasladando gente de un pueblo a la ciudad y viceversa, cruzando las rías, su trabajo, requiere de muchas horas, por lo tanto, duerme  en un  pueblo.  Muy temprano, comienza a prender los motores, mientras espera el arribo de los pasajeros y llevarlos a la ciudad para efectuar sus compras o trabajar. Y día tras día se renueva la misma jornada. Ese es el  motivo por el cual a veces pasan semanas que notamos su ausencia, pero siempre  te da un enorme beso en tus mejillas cuando parte; como lo sucedido hoy, te dio un enorme abrazo mientras estabas dormido y emigró a Sud América, un país al sur, donde existe la posibilidad de beneficiarse con un  futuro próximo más  atrayente y algún día llevarnos para estar juntos nuevamente”.-

 

Continuará…


LA ENFERMEDAD

 



Llegado el invierno de 1949, con mis  casi dos añitos, sucedió algo inesperado. Comencé a sentirme mal y mi piel cada día estaba más oscura; todos corrían de un lado a otro; los vecinos presurosos, tratan de poner calma, nadie imaginaba lo que me estaba pasando.-

En ese entonces, los males colmaban a casi todos  los pueblos del norte, unos decían que era la herencia  de la posguerra, otros a la hambruna; los recursos médicos eran escasos y a veces necesitábamos de una comadrona para asistirnos.-

A todo ello, yo estaba cada vez peor…perdí  el conocimiento.

“La historia cuenta que a lo largo de esa etapa crítica, una señora me aisló en un colchón de berzas, las humedeció y en una bandeja me introdujo en el horno, aún tibio por la cocción anterior de bollos de maíz; no habían pasado diez minutos, la llegada mi padre preguntando donde estaba y…todos con la cabeza gacha y el brazo extendido marcaban el horno. Mi padre, no dudo un segundo y tomando una bolsa vacía de patatas, tira hacia fuera y me puso en un cesto abrigándome de mantas y paja. Rápidamente aviso a nuestro vecino; él tenía un camión pequeño; sin el menor titubeo, prendió el motor para llevarnos junto a mi madre, a la ciudad más próxima. Llevándome en sus brazos hacia el interior del hospital, una enfermera, me depositó en una camilla y corriendo logré llegar  a un cuarto con mucha luz blanca, resignaron internándome  durante veinte días, con inyecciones, una por día, hasta que recobré la noción”.-

Hoy con cuatro años…nunca supe cuál fue mi enfermedad…

 

Continuará…


LA CASA

   





Ha pasado un año y medio, mediados de 1949 y los primeros pasos de mi niñez, comienzan a corretear por la inmediaciones de la casa familiar.-

La casa de piedra, es formidable; tiene su entrada por el camino que lleva al monte de los pinos y al rio; una enorme puerta partida en dos, lleva en cada una de las alas  un travesaño en forma de Z. A mi derecha, se encuentra la cocina con su monumental chimenea y el inmenso horno, en la esquina un pote colgado de una cadena al techo siempre humeando, su intenso olor a cocido y caldo, impregna todo el ambiente. Un poco más hacia la ventana, sobre el piso de tierra, una enorme mesa, tiene una tapa y hueca en su interior, se guarda la harina, traída desde un molino cercano; en esa mesa, nos reunimos para el almuerzo y la cena, como siempre en la cabecera el patrón de la casa…mi abuelo.-

Mi familia, estaba compuesta por mi abuelo, que más adelante se convirtió en mi “padrino” por ser el elegido de mi bautismo; mi abuela, adorable mujer; mi madre, lo mejor; mi tío “chucho” y mi padre que iba y venía, pues estaba de servicio.-

Saltando de aquí para allá, subo la  escalera de madera, estoy en la planta alta; hay dos dormitorios  y uno más pequeño, llamado “ faiado”. En uno de ellos, sobre una esquina estaba un pedestal con una cubeta esmaltada, donde se higienizaba la cara al amanecer y debajo de ella  una abertura redonda con una tapa, ese hueco era el inodoro. Una enorme ventana orientada a la puesta del sol, deja ver un formidable valle de tierra labrada y senderos verdes.-

Dejo la parte alta y bajando me dirijo al otro extremo de la casa. A mi izquierda  una habitación grande, allí duermen mis abuelos, una tina de madera cubierta por una gran sabana, donde nos bañábamos una vez a la semana y un poquito más al costado una segmento chico, donde se faenaba el cerdo. Cuando lamentablemente le llegaba la hora, ese día trataba de no estar, pues los gritos me asustaban mucho.-

Salgo para el otro costado de la casa  y un espacio enorme, donde juego, se encuentran cerros de paja, en manojos para alimentar el ganado en invierno y renovar las” cortes “. Un techado de madera guarda los arados, las grades, los arreos y otras herramientas para la faena del campo, una piedra redonda enorme con un pedal a su costado, donde mi padrino, estaba horas afilando las guadañas y cuchillos.-

Un corral cercado de piedras y pequeños mimbres, alojan algunas gallinas, conejos y pequeños cerditos. También a su alrededor plantaciones de patatas, berzas, repollo y nabizas. Completaban esta tendencia animal…dos vacas, un burro y mi amiga la gata “maruxa” que me acompañaba a todas partes.-

Por último, el emblema de la casa, el “hórreo”, era el límite de nuestra casa al vecino; lo veía un gigante, quieto en el tiempo, siempre presente. Una construcción de origen aldeano destinado a secar, curar y guardar maíz y otros cereales. Tiene unas aberturas muy pequeñas para ser  permeable al paso del aire, esta apoyado sobre cuatro pilares de piedra para evitar la entrada de animales y humedad.-

Continuara…


EL PERIODO

 




En este año, todo comenzó; puede decirse que fue una etapa clave para entender lo que sucedió después y entender lo que sucede ahora. Este año en que nací, se rehace un puzle de grandes acontecimientos y también de pequeñas personas, colocándolas para formar la leyenda.-

Quizás es el año de restaurar mi historia; tal vez, no es el tiempo lo que hay que mantener; tal vez soy el inicio del camino que crece y crece. Mi herencia es una corriente constante, pasando por el orden y el desorden; allí en esos recuerdos, bajo la persistente nieve, esta mi familia…mi luz.-

A partir de este momento, comienzo a transitar un sendero, que al paso del tiempo, sucederán situaciones  y encuentros formando el puzle de  mi vida.-

 

Continuara…


LA CARTA

 




Pasaron los días y la Navidad estaba llamando a la puerta de mi casa. Los hornos de barro y piedra, comenzaban a tomar calor de las ramas con sus piñas traídas del monte. La mesa de madera cubierta de una enorme masa, donde mi abuela elaboraba roscas y panecillos dulces. Mi abuelo con la pala, levantaba los bollos y los introducía en la boca del horno a una temperatura tan alta que todo se sentía  confortable.-

Allí,  en aquella esquina, junto  al aparador, estaba yo, en un canasto de mimbre, envuelto por un mantón a cuadros, mirando todo el zarandeo de panificación y humedeciendo el olor tan particular de la elaboración.-

Mi madre, a toda prisa, trae en sus manos una carta que se la entrega a mi  abuelo… la abre con mucho cuidado y señalándome con un gesto de cabeza…es de su padre.-

‘’ Este viaje es eterno, pero mucho más, lo lejos que te encuentras hijo mío, no siempre el destino acepta la lejanía, espero que lo reconozcas, la tirada es cruel, pero te quiero mucho y eso tú lo sabes, tu madre está contigo y de mis pensamientos  no sales. No te pongas triste, piensa que esto, nos hace más fuerte, tu madre te ama mucho y no quiero que la distancia sea una barrera para que mi mano te alcance ’’.-

Continuara…


EL COMIENZO ( PRIMERA PARTE )

  
 

Finalizaba el año 1947, muy cerca de la Navidad y en un pueblito al norte de la península ibérica, totalmente blanco por la nieve, casas de piedra y techos de tejas, el humo de sus chimeneas serpenteaba por el intenso viento del norte, cuyo suspiro fusionaba con el llanto de un niño acabado de nacer.-

Nací, en una casa de montaña, rodeado de simpatía y amores, gobernaba la paz y el calor de los animales de la cuadra, que articulaban  con su expresión curiosa por la llegada de un nuevo componente.-

Rodeado por las caricias de mi madre, poco a poco se fueron acercando mis abuelos, mis tíos y los vecinos con sus enormes abrigos, trayendo presentes de abundancia, pues era el estilo , adosar bolsas de maíz, azúcar y trigo;  un  buen caldo caliente hecho en el pote del LAR con muchas horas de fuego, onzas de chocolate a mi madre, para que tomara fuerza. Todos alzan unos cuencos de barro  y un botijo, vierten  aguardiente sobre ellos, entonando viejas canciones,  las horas fueron pasando y el sonido fue llegando a las demás casas, llevando el sensible acontecimiento… un murmullo, silenció el festejo…una lágrima estampilló la falta de un gran colaborador…MI PADRE.-

                                                                                                                                      Continuará…