Unos cuantos
silbatos, ponen en movimiento semejante mole, toda la gente en la baranda,
agita pañuelos para el adiós a sus familiares que vinieron a despedirse. Miro
como muchos se abrazan y lloran desconsolados, unos llevándose maletas de
esperanza y los que quedan, la angustia de interrogantes.-
Nos dirigimos a
nuestro camarote, compartido con las amigas de mi madre y el hijo de una de
ellas. La primera noche lo pasé fatal, el oleaje, estar por primera vez en un
transporte desconocido, el dolor estomacal es tan fuerte, que la nauseas están
casi prontas para acelerar el cometido.-
Ya pasaron dos días,
estoy bastante mejor, mientas las mujeres hablan entre ellas; el niño que me
acompaña y yo, partimos hacia la
cubierta, en la punta de la proa; el perfil es asombroso, vemos surcar
la enorme nave abriendo las aguas y la brisa del viento en la cara, el aroma a
mar intenso, llena nuestros pulmones, abriendo el apetito, pues… es casi mediodía.-
Continuará…

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