Dieciséis de julio, hora once de la mañana, la idea es ir a conocer los alrededores arquitectónicos. Padres, tíos, sobrinos, primos, unidos por una emoción de choques, recorremos sus calles, algunas empedradas, donde solo cabe un vehículo y donde los balcones están tan cerca uno de otro que sus habitantes pueden darse la mano. Largos paseos al lado del rio, con restaurantes típicos, brindan sus bocadillos, llamados tapas y de sus interiores se escuchan ritmos majos. –
Parques con fuentes
luminosas y grandes espacios verdes, crean el agrado y la frescura en este mes
de tanto calor. En uno de estos lugares, más precisamente en la salida de la
ciudad; la despedida se hace eminente. De nuevo abrazos, besos y alguna penita,
es la situación constante en cada una de nuestros encuentros. -
Tomamos rumbo al mediterráneo,
hacia la costa llamada blanca, para acercarnos a una zona, supuestamente
mencionada por un amigo de mi padre, cuyo comentario es sobre de un gran hotel
que está a la venta y sería bueno de observar. -
Luego de siete horas
de carretera, obviamente que con mi padre nos turnamos en el manejo, por lo tanto,
es mucho más ameno, llegamos a un lugar único, frente mismo al mar. Nos
alojamos, siendo ya muy tarde. Un baño reparador y cambio de ropa fue nuestra
mejor decisión para un descanso apacible. -
Temprano, desayunamos
en una de las cafeterías más hermosas de la zona, mesas en las aceras, con
centros de flores, camareros muy elegantes y una mesa servida con tostadas, aceite
de oliva y una salsa de tomate fresco, café con leche y el exquisito zumo de
naranja. Una larga caminata por el paseo marítimo de este singular distrito,
que simula a un gran balcón, contemplamos la maravillosa playa de agua cristalina
y finísima arena. -
A vuelta del paseo,
mi madre y yo nos fuimos de compras al centro mismo, mientras mi padre estaba
reunido con el propietario del hotel y conversar por una posible compra, ya que
la idea, de llegar a un acuerdo, su amigo, ingresaría en la negociación. –
Al día siguiente, mi
padre nos comentó que el negocio es prácticamente imposible, por la diferencia
de costo que ninguno de los dos está dispuesto a desembolsar. Siendo las cuatro
de la tarde, partimos nuevamente, esta vez sin despedidas dramáticas, nos encaminamos
hacia el centro de la península. -
Continuará…


















