Durante nuestra permanencia, con los familiares caribeños, los días se fueron volando. Una experiencia única, conocer otro mundo, de gente muy alegre, su centro comercial, lo rodea una geografía más que encantadora, una ciudad rodeada de montañas. Diversas atracciones turísticas, a lo largo de su costa islas turísticas tropicales. Un gran parque central alberga a dos torres gemelas, llamadas, las torres del silencio. -
Faltando dos días para continuar nuestro viaje,
hacia américa del norte; mis tíos y también primos, en cuya residencia habitamos
haciendo escala, nos invitan a presenciar un gran espectáculo. En dos autos,
nos dirigimos a una larga y ancha autopista de ocho carriles, hacia las afueras
de la ciudad. Un espacio abierto, con palmeras alineadas, es el punto de un
viaje por todo lo alto. Un teleférico del tamaño para diez personas, nos
transporta durante unos minutos a lo más alto, cruzamos la primera capa de
nubes, verdaderamente un gozo de espectáculo, al llegar a la base en la
inmensidad de la altura, casi por cierto en la cima de las montañas; se observa
los picos nevados y una ciudad trasformada en una inmensa maqueta. El descenso,
también nos atrapó, por su declive y la frenética velocidad de la misma. –
Hoy, veinte de junio,
en un gran centro social, llamado la hispanidad, toda la familia, se reúne,
para brindarnos un agasajo de despedida. El lugar es acogedor, con grandes espacios
verdes, canchas de diferentes disciplinas se abren para disfrutar momentos
inigualables. Piscinas para todo tipo de conductas. Unas diez barbacoas, con
extensas mesas y sus respectivos asientos. Los fogones de un tamaño acuerdo a
su ubicación, nos dejan ver los manjares de esta tierra hermosa. En una de
ellas estamos instalados, el maestro cocinero, tiene doce perniles de cerdo
impregnados en un delicioso aroma a frutos tropicales; ensaladas con productos
exóticos, tales como plátanos asados, acompañan la lista del menú. Entre risas
y abrazos, llegamos a la sobremesa, disfrutando una deliciosa bebida del país, llamada
“chicha”. –
Hoy, me tomé el atrevimiento
de recorrer por mi cuenta, el centro de la ciudad y así conocer diferentes
facetas. Gente muy simpática, comercios brindando sus encantos y una gran fila
de bares, ofrecen sus productos de tragos muy helados con distintos tipos de frutas.
Aprovecho este momento para dirigirme a una joyería. Compro dos alianzas, muy
bonitas, de oro blanco, destinadas a un futuro compromiso. Sigo recorriendo una
de las avenidas principales, donde las vías se cruzan formando figuras
elípticas. Una gran casa de fotografía, es mi última plaza. Aquí compro mi
primera máquina de fotos, uno de los tantos gustos que me puedo dar, es muy glorioso,
el elemento indispensable de todo viajante, sacar la mayor cantidad de grafías atrayentes.
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Continuará…

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