La vida, no deja de sorprenderme. Estoy saboreando un cremoso café en uno de los restaurantes más selectos del aeropuerto; este lugar de tantos encuentros; de idas y venidas. Cuando sales, llevas un sin fin de sueños para el viaje y cuando vuelves, traes el mundo hacia él. –
Miro por el gran
ventanal y una enorme nave va acariciando la larga pista de aterrizaje, hasta varar
en la manga de salida. Dejo el importe del café sobre el mantel y me dirijo
hacia la planta baja donde, un gran letrero anuncia “bienvenidos”. -
En el hall, me
encuentro con mi hija mayor y mis dos nietos, esperando por sus tíos, hermana, cuñado
y sobrino. –
Se abren las puertas
automáticas, aparece mi hija con su compañero y en un cochecito azul; la
dulzura de mi nieto con carita sonriente. –
Me dirijo a su
encuentro, lo alzo en mis brazos y lo ciño junto a mi pecho; sentir el latido
de su corazoncito; ese corazón que vi y aprecié cuando estaba en el vientre de
su madre. –
Todo es regocijo;
abrazos con mi hija y yerno, mi hija con su hermana menor, mis nietos
primerizos rodeando a su primo, acariciándolo sin cesar. -
En forma muy amable; mi
dulce compañera, me ha ofrecido su transporte, en una versión nueva; pues, hace
unos meses, ha efectuado el cambio por …un full equipe…así le dicen. –
Mi hija mayor y su
hijo menor, suben a un autobús que los llevan a su destino. -
Junto a los
visitantes y mi nieto mayor que, no se separa ni un segundo de su primo,
tomamos la ruta hacia la casa de su abuela; lugar de permanencia en su breve estadía.
–
Continuará…

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