Estamos en el mes de agosto. Mi hija con su familia, ya se encuentran en su tierra. Hemos disfrutado días magníficos en su compañía. Días de enorme ternura, jugando con mis nietos; dándoles todo el amor que merecen. Criaturas enviadas del universo, para alegrar el corazón y sentirme vivo. –
Fin de semana, nos trasladamos a un lugar histórico;
disfrutar del apego, olvidarnos del mundo y pensar en tiempos únicos e
irrepetibles. –
Mediante solicitud telefónica, nos trasladamos en nuestro
auto, a un hospedaje de campo; fundada entre los años mil ochocientos y mil
novecientos. Luego de una marcha de ciento noventa kilómetros, llegamos a su
entrada principal. Una línea de arena suelta y cipreses, marca el camino hasta el
predio de la recepción. Nos hicimos presentes con nuestra reserva y nos ubican
en una habitación sustancialmente campestre, con amplios detalles e icónica sala
amplia en una decoración transportada a la época; habitación que trasmite paz y
sin televisor. ¡Dijimos al unísono…fantástico!
Luego de un breve descanso y cambios de ropa, nos volcamos
al casco histórico donde nos espera una visita guiada por el capataz del
complejo. Bebidas de infusión mediante y pastelitos de membrillo; el señor nos
explica un poco su historia; mientras hacemos el trayecto.
La tradición se remonta a una señora menor de edad, casada
con un doctor y los dos se dedicaron de lleno a la explotación de la tierra. -
El establecimiento, llegó a ser un ejemplo entre todas las
estancias del país. Su nombre, da origen al casco principal y al reloj del sol.
Es orgullo de nuestro país. La hacienda hoy, es propiedad de notorios
terratenientes, convirtiéndola en un hotel rural; colmado de tradición,
conservando el ambiente señorial. Haciendo altos en el camino, nos indica
diferentes estaciones; a cuál de ellos más interesantes. -
Frente a un hermoso aljibe, culmina nuestra recorrida; un salón,
donde se encuentra el museo de vestigios de la época y una gran biblioteca. Los
dejo; nos dice: “disfruten y saboreen los
licores elaborados por nuestros artesanos”. –
Como toda gente de cultivo, los tiempos son equivalentes al
sol; cae la noche y nos disponemos al encuentro más esperado; la cena. Un gran salón,
nos recibe con un brasero prendido y sobre su parrilla, diferentes carnes
asadas y embutidos elaboradas por los mismos braceros del hostal. La consigna
de este lugar bellísimo, radica en brindar una experiencia única, elevando los
aspectos que mejoren la calidad de vida. -
Culminada nuestra gala; nos envolvemos en capotes de lana e
iniciamos una caminata por sus alrededores; con la luna llena guiando nuestros
pasos. Una noche donde el sonido de la brisa, nos brinda esa melodía de
frescura en los oídos y al mismo tiempo, el acercamiento de un beso; ostenta el
éxtasis, en la prolongación del tiempo. –
Continuará...

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