Nos tomamos un pequeño descanso. Mediante una propuesta en línea, nos proponemos hacer un viaje al vecino país; juntos los cinco; festejar la venta del comercio y disfrutar de esa hermosa ciudad, tan hermanada con la nuestra. También, mostrarles a mis hijos, un mundo diferente, una gran ciudad. -
Amanecer del lunes, ocho de
abril de mil ochenta y nueve, semana indicada. Maletas en mano, auto en
situación de marcha, arrancamos por la ruta que nos lleva al lugar donde hace
ocho años… un apagón… realizó el milagro de existencia. –
Sobre el mediodía,
dejamos el vehículo en un estacionamiento colindante a una estación de
combustible, para dirigirnos al muelle y embarcarnos en un ferry hacia la
inmensa ciudad. –
El chofer del taxi,
muy amablemente, nos lleva al hotel, ubicado en pleno centro. En el trayecto, mis
hijos no dan acopio a tanta beldad arquitectónica. Calles anchas, de cuatro
carriles en un mismo sentido, hasta llegar a un representativo de la misma,
donde se erige un enorme monolito en forma de aguja, símbolo de la ciudad, al
cual llaman, “obelisco”. El taxi estaciona, en nuestro punto de arribo. Nos
trasladamos al interior del hall, para posesionarnos de nuestras habitaciones. Ojos
azules, mi hija mayor y yo en una; mientras tanto mi hijo y la pequeña hermana,
en otra. -
Son las nueve de la
noche, la ciudad iluminada con sus amplias marquesinas. Recorremos la principal
avenida que culmina en el puerto. De un lado y del otro, comercios de distintos
rubros, dejan sus puertas entreabiertas, para la complacencia de los visitantes.
Grandes pizzerías, despiden su aroma, invitando a todos los que apetecen
saborear de la cocina mediterránea, tan famosa en el mundo. -
Ingresamos a una de
ellas… nos ubican en el perímetro trasero, donde una enorme fuente en perfil de
cascada, implanta su música original. Entre anécdotas, risas y comentarios, llega
la medianoche. De camino al hotel, disfrutamos de esta noche mágica, paseando
por la avenida de los cines y teatros. Gente que prorrumpe de las funciones,
haciendo comentarios de lo presenciado. Llegamos al hospedaje, luego de una
noche inolvidable, juntos por primera vez en un país diferente; rodeado de
salmos típicos, de imágenes vivientes, músicos callejeros y una enorme alegría
en sus habitantes.
Continuará…

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