VOLUNTAD COMERCIAL

 



Mediados del año mil novecientos setenta y cuatro. Me encuentro dirigiendo uno de mis ansiados deseos comerciales. En plena intersección de dos avenidas de la ciudad vieja, se encuentra mi restaurante –bar. Una esquina emblemática, rodeada de otros comercios, tales como salas de remate, papelerías, panaderías, otros bares y lo más destacado; la médula operativa, la bolsa de valores y los edificios bancarios, tanto nacionales como extranjeros. Todos ellos conforman un ajetreo de lunes a viernes en el centro bursátil. -

Hay también, muy cerca de aquí; ministerios, institutos de servicio civil, grandes plazas con sus respectivas estatuas referentes al periodo histórico

A pocas calles, caminando por la arteria principal, nos lleva hacia el puerto. Barcos de carga, de pasajeros, remolcadores; dan vida a un vasto movimiento laboral. Antes, una enorme edificación, única de hierro artesanal, cobija a diferentes rubros gastronómicos, típica de la ciudad. Fogones encendidos y el aroma a carnes asadas, es el deleite de todo aquel que frecuenta la zona. -

Más atrás, el centro de la ciudad, se halla el límite entre las dos zonas, con una plaza principal, rodeada de edificios representativos; la iglesia, de agraciada arquitectura. Una muralla, del tiempo de la conquista. A su costado, el principal teatro; donde se realizan espectáculos, traídos de las europas, como zarzuelas, ballet, obras de teatro. Además, en tiempo de carnaval, diferentes grupos nos entregan sus actuaciones; con vestimentas de diversos colores para el deleite de los ojos y canciones que friccionan los oídos. -

El comercio, funciona a las mil maravillas. Con la ayuda de mi padre al inicio, voy desarrollando mis conocimientos y también la experiencia comercial. Rodeado de amistades bancarias y gente de alto cargo ministerial, me dan esas fuerzas de incesante aclamación. Mi hijo y su madre, están muy bien asistidos por sus abuelos, creando mis horas de ausencia, mi agenda de trabajo es bastante extendida. -

Quedan pocos minutos para las diez de la noche y las calles están quedando vacías. Es hora de iniciar el cierre del salón; dejar todo en condiciones para el día siguiente, para nuevamente elevar las cortinas y persistir con la práctica remuneradora que me ha tocado. -

Continuará…

 


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